“Quiero escribirte hasta borrarte, hasta que tu imagen esté tan distorsionada que seas tan sólo un vago recuerdo en los pensamientos de un cansado pasajero de uno de tus besos. Y cuando desaparezcas, quiero volverte a ver, para no dejar de escribir(te), jamás”.
Las pupilas notablemente dilatas, la boca seca, la
respiración entrecortada, las pulsaciones disparadas, la voz sin fuerzas para
avanzar por la garganta, el estómago anudado sobre un cúmulo de nervios, la
piel muerta de miedo al verte. Los parpadeos incesantes, el frío latigazo del
deseo recorriendo mi cuerpo, el hormigueo en las yemas de mis dedos…
Y tú, delante de mis ojos. Tan perfecta, tan rota
por los costados, tan exuberante, tan tú, que asustas.
Los primeros pasos
indecisos, hasta tus pies. Los primeros gestos, tranquilos, casi
imperceptibles, hasta tu dulce hiel. Y el frío se va, desaparece cuando tus
manos y mis dedos se rozan, cuando por fin estás aquí.
Se olvida todo, la gente que pasa, el pulso
acelerado, los nervios y hasta por dónde caminamos, sólo existes tú y todo eso
que siempre traes. Tus labios callados y calados por todas aquellas palabras
que no dicen, tus ojos que miran desde las ruinas de tu alma, tus miradas,
rotas por la inconsistencia de lo que quieres, y tú, repleta de aquello que no
eres para poder ser alguien que no quieres que quieran.
Apareces, como siempre, en ese momento de debilidad.
Cuando más roto estoy, destrozado y desmontado por tus argumentos
inverosímiles, vuelves a mis noches desiertas de sueño y sueños, a esas en las
que te echo de menos más veces de las que puedo soportar. Y cuando vuelves, me
recompones con uno de esos besos salvadores, con un paseo por tus afiladas
clavículas, por tus prominentes caderas, por tus gemidos nocturnos, entre las
risas de tus piernas.
Y quiero, escribirte hasta que desaparezcas, pero
sólo es para que vuelvas. Y cuando vuelvas te escribiré de nuevo, para que
nunca me olvide de esos tacones al alejarse, de esas sonrisas caídas en tus
labios a medianoche, de esas risas entrecortadas por el frío, de esos abrazos
repletos de sueños, de pausas y de prisas. Para no olvidar lo que significa
olvidarte, y para que esas caderas que se balancean en tus despedidas, se
claven en mis pupilas como se clavaron tus miradas, esas que perdías en el abismo
de mis ojos.
Que tus ruinas y las mías, dan para construir uno de
esos paraísos, para ti y tus vicios, para mí y tus debilidades…
Hacía mucho tiempo que no pasaba por aquí para leerte. Me encanta lo que escribes, me lleva al pasado, con un tantito de dolor.
ResponderEliminarSigue escribiendo así. Ansiaré leerte de nuevo.
Un abrazo.
Muchas gracias por volver a pasarte por aquí, y por el comentario.
EliminarUn abrazo.