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1.10.15

Distracciones

Una sonrisa perezosa se descolgaba entre unos labios desgastados, corroídos por la tristeza que deja el besar unas intenciones equivocadas. Era una de las imágenes más bellas que se pueden contemplar, estaba allí, distraída entre la multitud de personas que deambulaba por la calle, sonriendo.

Su rostro era pálido, iluminado por un radiante sol de otoño, que calentaba más su cuerpo que su desacompasado corazón, que latía sin prisas. Sus cabellos largos y profundamente oscuros empañaban de vez en cuando su rostro, dejando a la vista unas facciones cuidadosamente esculpidas, que dejaban al descubierto, como enmarcados, sus ojos. No tenían un color demasiado llamativo, eran de un maravilloso color miel. Y esas miradas, que parecían sacadas del mismísimo infierno, porque enfriaban hasta el alma, nunca me dejaron indiferente, y nunca quisiera dejar de ver esos ojos.

Una nariz, pequeña, se desdibujaba en mitad de su rostro, tan sólo empujaba a conocer esos ojos tan fieros, o a perderse en esos malditos labios.

Ahora mordía su labio inferior, nerviosa. Estaba esperando a alguien, seguramente fuese uno de esos tipos encorsetados en unos vaqueros demasiado holgados, una camiseta extremadamente larga y unas gafas de sol que no permitían conocer al que de verdad ocultaban.

Sus manos jugueteaban nerviosas, sus ojos, recorrían incesantemente a la multitud para poder encontrar a quien deseaba. Y allí estaba, por fin. Era un chico, normal. No parecía diferente a cualquiera de esos otros que caminaba por allí.

El rostro de ella se iluminó, las comisuras de sus labios se arquearon para dejar escapar una amplia sonrisa. Sus ojos se tornaron en una mirada brillante, y toda ella, parecía resplandecer. Él, no hizo movimiento alguno. Espero su llegada silencioso, sumergido en la belleza que se acercaba a pasos agigantados hacia él.

Su llegada fue indescriptible. Nada de esos besos distraídos en las mejillas. Un beso, largo, sentido, y un abrazo, de esos que te dejan cegados con el olor de la otra persona y te hacen olvidar al resto del mundo.

Les vi cogerse de la mano, y se perdieron entre la multitud… El resto de la gente no reparó en ellos, pero quizás, fue el momento en el que más cerca estuve de todo aquello que algunos insisten en llamar, amor.


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