“Yo no soy muy listo,
pero sé qué es el amor” – Forrest Gump.
Lucas
había visto una y otra vez aquella película. Y es cierto que siempre había
estado en su cabeza aquella sentencia pronunciada por un personaje, que puede
que no supiese mucho de muchas cosas en la vida, pero que le ponía el corazón a
todo aquello que hacía.
Antes
de pronunciar esa frase, le preguntó al que era, fue y será el amor de su vida
que por qué no quería casarse con él, que sería un buen marido. Ella le
aconsejó que no le convenía estar con ella y justo en ese instante le asegura a
aquella mujer que lo mira atenta desde las escaleras que él no es muy listo,
pero sabe lo que es el amor.
¿Cómo
alguien puede decidir por otra persona si es conveniente o no que estén juntos?
Creo que esto no va de conveniencia, va de algo totalmente diferente. Va de
complicidad, sinceridad, amistad, cariño, pasión, felicidad…
Puede
que sean polos opuestos o que estén tan sumamente cerca que se rocen. Pero si
no hay un cúmulo de puntos fuertes que se acumulan entre ambos, nada existe. Y
por eso no hace falta ser demasiado listo para saber que es el amor. Porque es
algo que aparece sin más, aunque hay que cuidarlo para que no se acabe.
Tras
ver el final de la película y soltar alguna que otra lágrima, porque la
historia es triste, -y Forrest sigue poniéndole el corazón a todo y eso es algo
admirable-, pensó en Sofía.
Ella
le recordaba a aquel personaje de película. Se dejaba el corazón en todo,
aunque implicase perderlo, si no por completo, una gran parte. Admiraba
notablemente a aquella chica, y llevaba meses sin dejar de pensar en ella. Tras
un par de minutos buceando en su teléfono, encontró su última conversación, esa
que había terminado con un simple adiós por su parte y un pequeño audio de
aquellos labios que alguna que otra vez le habían sonreído. Volvió a escucharla,
un escalofrío recorrió su cuerpo y erizó su vello.
No
sabía que eso era amor, porque no creía en todo aquello. Pero que bien sentaba
escuchar esa voz, alegre, llena de esa calidez que a él le faltaba. Deslizó
velozmente los dedos por el teléfono. “Te quiero”.
Y
ella sorprendida por aquellas palabras llenas de calor de alguien tan frío, le
devolvió esas dos palabras, y le propuso que se viesen aquella misma noche,
daba igual la hora, para una vez que los dos se atrevieron, decidieron
quererse.
Nadie
sabe qué es el amor, hasta que lo encuentra. Y sabe Dios, que ellos dos, por
fin, lo encontraron.
Porque
puede que ninguno de los dos fuera un genio, pero sin duda, habían descubierto
lo que era el amor. Su amor. El de Lucas y Sofía.
L&S
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