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16.10.15

Mis ojos azules

A veces los recuerdos y las distancias marcan abismos que a simple vista parecen insuperables. Y esos malditos precipicios, suelen marcar un antes y un después, en esas vidas de gatos que teníamos, y de las que apenas queda una, maltrecha y deslavazada.

Pero a veces, ese destino caprichoso, quiere que nos volvamos a juntar. Y quiere también, que esa voz que antes mecía mis sueños ahora me resulte extraña, demasiado adulta para ella, que siempre había sido uno de esos sueños de eterna juventud.

“Sigo siendo la chica de ojos azules de las cicatrices tatuadas”. 

Y es en ese instante en el que su boca, que tanto dice cuando calla, crucifica mis tristes pensamientos y desdibuja una sonrisa, una mirada brillante y un nudo en el estómago.

La chica de los ojos azules, ha vuelto a mirar como antes, con esa profundidad y cariño que desprende, y yo, qué les voy a decir, no le puedo negar nada a esos ojos que tantas noches me han acompañado hasta dormirme.

Sus cicatrices siguen tatuadas, no se borran, algunas crecen, otras se tatúan nuevas. Pero conozco cada una de ellas como la palma de mi mano, y lejos de alejarme de todos esos miedos y penas que guarda en su espalda, allá dónde unas alas habitaron algún día, me dedico a recorrerlas, cada centímetro de ellas es ella. 

Y ella, es simplemente la chica de los ojos azules, con las cicatrices tatuadas, las sonrisas etéreas enganchadas a esos labios rotos en su perfil alto por esos azares de la vida, que hacen que una cicatriz sea el rasgo más hermoso de unos labios.

Toda ella, se encaja bajo esa mirada, cálida y helada. Que me congela las palabras pero me calienta el alma, siempre, aunque la vea de lejos, sé que es ella, porque mis vellos se erizan, mi estómago decide anudarse sobre sí mismo, y las palabras, esas que a veces disparo, se convierten en vagos recuerdos en el cielo de mi boca.

Dicen que todo eso es amor, pero creo que es algo mucho mejor. Es ella, la chica de la sonrisa eterna, de los labios rotos, de los ojos azules, de las cicatrices tatuadas, del pelo rebeldemente domado, parca en palabras, prolija en miradas que rompen los esquemas y desencajan las ideas.

Ella, la que sigue siendo la mujer, de los ojos azules y las cicatrices tatuadas.

 R.

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