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4.10.15

A cámara lenta

Hay quien considera que el amor es tan sólo una sucesión de hechos, que suceden a toda velocidad ante nuestros ojos, y que tenemos la obligación de vivirlos como si fuesen el último que va a suceder en nuestra triste vida. Pero eso no puede ser verdad. El amor, se vive a cámara lenta, muy despacio, saboreando cada instante como si de verdad fuese el último, pero no de la historia, sino de ese segundo que respiramos su aroma.


La vio pasar, despacio, como movida por unos hilos ocultos, dirigidos por el mejor titiritero del mundo. Se deslizaba suavemente, sin esfuerzo alguno. Y le dedicó una mirada, intensamente leve, sus ojos apenas pudieron apreciarse, pero ese instante le contentó para todo el día.

Tenía una larga melena de un color cobrizo que se desdibujaba ante sus ojos, domada en demasiadas ocasiones en una coleta perfecta. Los ojos negros, brillantes, como si albergasen una vela con una pequeña llama en su interior. Y una sonrisa enmarcada entre unos labios alegres que escondían un pequeño paraíso en el que perderse era el mejor de los pecados.


[***]


Y nos redimimos de nuestros pecados, varias veces, durante algunos meses. Puede que quizás fuesen un par de años. Nos quisimos despacio, para no poder terminar todo aquello de golpe, para disfrutar, a lametazos, de todo lo que guardábamos en silencio, escuchando a Sabina, diciendo que lo suyo, por mucho que durase, costaba que se borrase diecinueve días y quinientas noches.

Efectivamente, se acabó. Nos dejamos en una noche oscura, en medio de un bar desértico en el centro neurálgico de una ciudad infestada de gente que amaba rápido. La despedida, lenta, sin lágrimas pero con deseos. Sin reproches pero con unas ganas brutales de poder repetir, porque el amor, a cámara lenta… sabe mucho mejor.



“Apareció perdida entre los pasillos en una biblioteca. No pude dejar de mirarla porque jamás había visto a una mujer como ella. Apenas reparó en mí, pero el instante en el que cruzamos nuestras almas, su sonrisa se quedó enganchada a mis ojeras, y mi olor a su pelo, y su pecho, a mis besos. La quise a cámara lenta, nos consumimos deprisa. Su amor alimenta, ¡pero cómo duele cuando mata!”

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