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22.12.25

Asincronía del Olvido (III)

 Un vacío en mi estómago que nada puede llenar. Un neologismo precioso que jamás volveré a escuchar de unos labios. O la gran aventura de mi vida. 

Supongo, que todas esas cosas son las que concatenadas y alineadas de la manera más imprecisa posible, esto acabe así. 

El verbo latir, proviene del latín glattire, que, literalmente, significa dar ladridos agudos. Supongo, que gracias a eso, puedo encontrarle sentido a esto de aquí dentro. Quizá, esta agitación que siento, no es otra cosa que un maldito corazón ladrando por otro que ya no está. A veces, vibra dentro de mi caja torácica con una fuerza e intensidad desmesurada, moviendo mi pecho de una forma arrítmica y convulsa.

Este fenómeno, a menudo me atormenta tras cruzarme con sus palabras. Nudo en el estómago, golpes fuertes en el pecho, la sangre corriendo a borbotones por mi cuerpo. Se me apagan las palabras, el silencio me estremece y para lo único que quedan estos labios abruptos y hastiados, es para boquear una última bocanada más de aire que me permita seguir ladrando.

En ocasiones, incluso creo que es capaz de aullar, grita sin consuelo, y soy incapaz de controlar su ritmo desbocado. Respiro lento. Vuelta al silencio.

¿Cómo recompones un corazón de una ausencia?

Es imposible. Se convierte en una de esas estrellas errantes, destinada a vagar por el mundo. 

Mi corazón vagamundo no deja de ladrar, fuerte e intensamente, pero quizá ya sea lo suficientemente tarde como para que nadie pueda escuchar.

Asincronía del Olvido (II)

 Aún, cuando cierro los ojos, y, en silencio rebusco entre los recuerdos, te escucho, resuenan tus palabras dentro de mi. Pero siento que se están yendo, qué se escapan de mi mente, y, que algún día jamás regresarán. Qué sufriré la incapacidad de recordar tu acento, tu forma de reír, o esas expresiones tan tuyas. Qué en algún momento olvidaré cómo te movías, cómo andabas o cómo me mirabas. Supongo, que al mismo tiempo, olvidaré cómo era estar a tu lado, qué sentía, o como nos reíamos. 

Y se irá, lo que fue y lo que fuimos. Y cuando se vuelva oscuro, y todo escape de mi memoria, ahí sí, ahí te habrás ido para siempre.

Y yo, que siempre he transitado por esa asincronía del olvido, me encuentro luchando para que se mantenga, para que a pesar del tiempo, jamás te vayas de mi maldito corazón, y que vuelvas a pasar una y otra vez por el.

Hay una teoría que me fascina, es la curva del olvido. Esta, dice que aquellas cosas que nos impactan más, tienden a dejar una huella más profunda en nuestra memoria, y por tanto, somos capaces de recordarlas durante más tiempo. También, si volvemos a un recuerdo con mucha frecuencia, será más fácil que este se mantenga con nosotros. 

Supongo que por eso insisto en recordar una y otra vez, por eso hablo a todo el mundo de ti, para que tu recuerdo, aunque la vida lo borre de mi memoria, perdure en otras personas. 

No quiero que te olvides de mí, porque el olvido siempre significó la muerte la memoria. Y, si te vas de ahí, ya no queda nada.

14.12.25

Asincronía del Olvido (I)

Por definición, un corazón sí puede romperse. Una fuerte emoción, positiva o negativa, puede producir una anomalía en el ventrículo izquierdo, que, si no es tratada a tiempo, puede llegar a producir la muerte. 

Esto, se conoce como síndrome del corazón roto. Así que, si tenemos en cuenta, qué esta posibilidad es real, todo aquello que nos rompe el corazón, podría hacerlo literalmente si el impacto es suficiente. 

Quizá, este sea el motivo principal por el que siento así, por lo que soy incapaz de sentir menos, o hacerlo de una forma más pausada o tranquila. Puede que lo que busque sea eso, un impacto perfecto que de una vez por todas rompa el corazón, no en pedazos, sino con la precisión necesaria para que lo sienta. 

Puede que sea también por esto, que sienta la necesidad imperiosa de enamorirme cada día de mi vida, qué quiera que me explote el pecho cada mañana si ella estuviese a mi lado, y que el simple hecho de verla, sea motivo suficiente para que esto de aquí dentro lata tan fuerte que sienta que es una jodida bomba.

Y, también por este mismo motivo, sé que podría escribir toda la maldita poesía del mundo, y, a pesar de eso, que todos esos versos, maltrechos y despampanantes, jamás estuviesen a la altura.

El problema es que con la primera luz del alba colándose por mi ventana, abriré los ojos, y no estará ahí.

Enamorirse siempre fue la mejor opción, salvo que el impacto, en otro momento calculado, ahora sea suficiente para romper un corazón tan vacío y grande como este que se me va a salir del pecho.

30.8.25

Tristeza

Transito la tristeza como quien camina por unas brasas aún demasiado candentes, que humean al contacto con la piel. Y, espero la crónica de ese dolor anunciado, en un intento desesperado por sentir algo.

Llega, de pronto, a las tres de la madrugada, cuando el mundo calla y la calma aborda mi cama. Entre mis dedos se pierde un recuerdo, que emana de esa tristeza, callada y ausente. Supongo que se ha convertido en esa acotación al lado del texto que nadie lee. 

El personaje, abatido y cansado, exhausto por la ausencia; algo así podría decir la breve acotación bajo mis pies. Y de la nada, ella, y de pronto, nada. Supongo que eso es todo lo que me queda.

Una ausencia larga, un dolor perpetuo, largamente anunciado, y, la esperanza de que cuando llega el alba, todo se va. Se recoloca en un costado y se reconoce ausente durante el día. 

Omitamos la nota al pie.

Transitamos la tristeza siendo cenizas de todo lo que no se fue.

26.4.25

Acrósticos para nadie (V)

Podría enamorarme de leerte. Y yo, dejé que entrase, qué desordenase los recuerdos y que hurgase entre las cicatrices, solo porque era ella. Lo que no sabía es que yo me enamoriría por perderla. Porque los putos neologismos me jodieron la vida. 

Mis labios besables y sus manos amables. El cielo de su boca parecía el cielo de verdad, el único lugar al que volver una y otra vez, hasta morir, entre sus labios, sus brazos o en sus ojos verdes. Porque ahí, entre esa inmensidad, me quedaría toda la vida, si no hubiese perdido su mirada, ahora no estaría vomitando estas palabras de forma compulsiva en un espacio en blanco en el que nadie lee. En el que ella no me lee. En el que ella, los únicos ojos a los que quiero mirar, no me encuentran. 

Y ahora, toda la maldita ciudad huele a ella, cada paso tiene un recuerdo, una imagen, un olor, una jodida sensación que me invade, qué me destroza en silencio y que descoloca mi corazón, ese que ya no intento ni reconstruir, porque roto funciona mejor. Porque total, para qué vas a poner empeño en unir unos pedazos que sabes rotos de antemano. 

Lo rompería una y mil veces más si eso significase que en todas ellas, ella, estaba al otro lado. Si alguien me asegurase que ese maldito dolor estaría justificado por su presencia, me rompería. Acumularía regalos envueltos en rincones que olvido, llamadas sin respuesta, mensajes llenos de lágrimas, y palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, porque es todo lo que me queda de todo lo que no fue. Porque lo único que existe, cuando ya nada existe, es todo lo que dejamos escrito. Son los 160 días escritos en cuadernos, los 160 jodidos días que llevo escribiéndole a alguien que no está pero que soy incapaz de olvidar. Tengo más de trescientas páginas llenas de una persona que no está, de una persona que estoy dejando de ser, porque a cada trazo entre esas páginas, me voy deshaciendo de mi mismo, porque ese yo ya no existe si no hay un nosotros. Y ese nosotros, se rompió en mil pedazos un miércoles por la mañana, en lugar aséptico y extraño, en un lugar en el que no quiero volver a pisar. Después de todo, después del todo, la nada. La ausencia, el vacío, la incapacidad irreversible de olvidar a alguien inolvidable. Aunque lamente los besos ahora, volvería a besarte hasta la extenuación, hasta convertir el recuerdo de tus labios en parte de los míos.

La tengo clavada en las pupilas, en las manos, en los labios, en la boca, en la piel, en la vida, en los recuerdos, en el corazón. Yo quizá no era todo lo que debía ser, pero ese amor era todo lo que estaba bien en mi vida, era todo el amor que creo merecer pero que nadie fue capaz de gestionar. Porque era tan grande, tan jodidamente perfecto que parecía irreal. Y joder, duele tanto tener que huir de la realidad cuando nos sobrepasa, que llegados a ese punto somos capaces de cualquier cosa, con tal de volver a ese lugar seguro en el que no nos pasa nada, ni siquiera la vida.

Estoy aquí, enamuriendo por alguien que no está. Podría escribirle cualquier cosa esta noche de abril, por si vuelve, por si aparece, por si algún día el puto miedo no aterra a alguien a quien querría por encima de todas las cosas. Pero no parece ser así.

Si tengo que volver, volveré. Podría enamorarme de leerte.

Podría enamorirme de tenerte.

Al alba, de nuevo, la vida, la triste realidad de despertarse sin ti al lado.

Te quiero. Te lo dejo aquí escrito, por si algún día te vuelves valiente y asumes que esto fue tan real que te dolía.


M.