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20.10.15

Cuando vuelven los fantasmas

Cuando vuelven los fantasmas. Ese día en el que pareces haberlo olvidado todo, pero reaparece como una ráfaga helada de viento. Supongo que son cosas que deben pasar. A veces vas cambiando de camino para intentar no cruzarte con tu destino, y acabas, de la misma manera, inmerso en ese azaroso sendero del que deseabas salir.

Pero por suerte, paralelamente a ti, ella recorre su camino. Te mira con esa tormenta del fondo de tus ojos, y te olvidas de todas esas piedras que sin duda acabarás encontrando, porque tienes con quien levantarte. Y es entonces cuando el barro no te parece tan malo, si está ella para salvarte de todo aquello que arruina el camino.

Ese ángel que siempre nos salva, en mi caso, es una de esas mujeres que son difíciles de borrar de la cabeza, del alma, del corazón y hasta de la piel. Una salvadora de clavículas perfectamente perfiladas como si del borde de un precipicio se tratase, con una mirada atormentada y llena de tormentas que no deja de hundir en mis recuerdos.

Los ojos azules, como una de esas noches de verano, después de llover, con alguna estrella rebelde que decide alumbrar algún alma perdida, como la mía. Esos labios rotos, por cualquier lado, de tantos golpes, como los míos, reconstruidos a pedazos de rabia y fuerza.

Sus cabellos me enredan en sueños, y me llevan a ese torso que no quiero dejar de recorrer, y si lo dejo, que sea para anidar en esos labios fruncidos, para evitar que salgan las sonrisas y las palabras, esas que tanto han maltratado su espalda, y de las que no se puede deshacer si no es a golpe de besos.

Sus caderas, me recogen las noches de tormenta, sus pupilas cansadas, cobijan mi alma destrozada por todo lo que fui incapaz de decir. Y juntos avanzamos por ese maldito sendero, no sé si nos espera algo bueno o malo, pero supongo que juntos, llegaremos a ese anhelado final feliz que todos cuentan que existen.

Pero mi final, por mucho que esté por llegar, acaba en ella. En cada sonrisa, en todas y cada una de esas palabras que antes callaba y ahora me dice, y en esas frases que guarda, que son, aunque nadie lo espere, para mí.

Espero sorpresas, pero de las suyas. Que el camino es largo, pero de esas manos suyas, tan terriblemente frías, seguro que se hace más corto, si es al calor de las mías.



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