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17.4.14

Volver a Volver

Así. Como siempre y como casi nunca. Sentirte extraño en tu propio mundo. Sumido en una intensa niebla, que apenas te permite ver más allá del extremo de tus zapatillas. Eso es lo más duro del mundo, ser un desconocido dentro de tu propio cuerpo y tu propio ambiente.

Hay cosas peores, no cabe duda, pero esta es una bastante complicada. Y ver que algo que antes tuviste tan sumamente cerca, ahora ni siquiera puede estar a tu lado. Es ley de vida, todo pasa por algún motivo, pero no por ello estamos preparados para ello.

Cambiar. Esa es una de las mejores medicinas que podemos encontrar ante este mal. Mal de muchos, de demasiados, me atrevería a decir. Pequeños placeres como el de ver como ella te mira durante unos segundos y esboza una leve sonrisa, que a ti, aunque no quieras, hace que se te dibuje esa cara de idiota en tu desastroso rostro. No lo controlas, tampoco quieres. Lo odias, pero no cejas en tu empeño por buscarlo. Todo se irá con el cambio. Los problemas y las alegrías.

Pero no nos queda más que luchar, contra viento y marea. Con lo que más cerca tengamos, y con todo lo que podamos. Rendirse está prohibido. Pero caer y levantarse es un bonito ejercicio, para poder ver diferentes perspectivas de nuestra vida. Esa que a veces, pasa y pesa, mucho, demasiado. Pero… es nuestra.


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