Destrozar
la cama cada noche, perdido entre su ausencia. Día tras día, noche tras noche,
me pierdo entre las sábanas de esa infinita pequeña cama en la que tantas horas
pasamos. Y lo peor es saber que no va a volver. Que aunque se ha ido, está
contigo, sin querer, sin saber por qué.
Cierras
los ojos, parece que lo peor ha pasado, pero el frío te asalta de nuevo, a
pesar de que no te ha robado toda la ropa en uno de sus arrebatos nocturnos en
los que la lucha por el calor se convertía en una pequeña revolución.
Y
te levantas, despiertas, duermes, lloras y ríes. Pero la echas de menos. Y sus
pies fríos no van a volver a calentarse entre tus piernas. Sus suaves manos no
volverán a recorrer tu espalda. No volverás a dormir mientras su pelo te mece
en su aroma, y se desvanece hasta tus sueños. Ya no.
Te
arrepientes de cada mala palabra, de cada no beso, cada no abrazo, cada mirada
esquivada y perdida, cada palabra cruzada que iba envenenada. Pero ya no.
Nadie
llena su hueco, nadie ocupa tu cama salvo tu recuerdo, y cada vez estás más
perdido, más fantasma, menos vivo. Aunque ya no. Ya no volverá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario