Seguidores

17.4.14

Ciegos

Buscó mi mano entre la noche tratando de apaciguar el frío de la suya. Apenas tardó un par de segundos en entrelazar sus dedos con los míos. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Comenzó a enfriar mi mano, y yo, a calentar la suya. Encontramos, sin quererlo, un equilibrio perfecto.

No duró demasiado, una mirada se cruzó en nuestro camino. Su mano soltó la mía. Sus ojos, me rompieron en mil pedazos, y una extraña sensación recorrió de nuevo todo mi cuerpo. El calor, me invadió, no sé si provocado por la rabia que sentía, o motivado por la tremenda vergüenza que me invadió, al verla correr para abrazar a otro.

Me quedé mirando aquella escena. Viendo, como él, mientras le abrazaba, perdía su mirada en otras que pasaban por la calle.

Ciegos. Eso es en lo que nos convertimos, cuando no queremos ver más allá de nuestro propio orgullo. Perdemos todos los sentidos, en favor de algo, que ni siquiera ve, oye, o siente. Tan sólo ese corazón, que nos guía hacia un abismo, que consideramos un paraíso, sabe cuál será el último final.

Y avanzamos inexorablemente, en contra del tiempo, buscando algo que no existe. Luchando contra cosas que no podemos vencer. Nos afanamos en seguir buscando, “el amor”, cuando en realidad lo único que queremos es calentar nuestra cama un par de noches seguidas, con alguien que no nos llene, pero nos guste. Con alguien que no recuerde nuestro nombre después de un par de meses. Con alguien, que buscando lo que buscamos, convertimos en algo. Algo, que acaba dominando el devenir de nuestros días.

Yo quiero a alguien. Que no quiera más que quererme, de noche, de día, o cualquier día…


No hay comentarios:

Publicar un comentario