Dibujando
a gritos la guerra encubierta entre tus ojos y mi boca, que disparan sonrisas,
miradas, y besos entre copas. Mirando sin querer, queriendo sin mirar. En esta
guerra en la que paz, significa perderme en tus ojos una vez más. El abismo de
tus labios se rompe en la frontera de los míos.
Tus
manos dibujaron en mi boca una oscura sonrisa, llena de prisa, de pausa, de tu
boca junto a la mía, en una eterna pelea. Mis ojos, que te miraban sin cesar
entre disparo y disparo, se enamoraron en un día impar.
Trabando
momentos, esculpiendo cada milímetro de tu cuerpo pasé noches enteras. Me
perdí, en tu ombligo, buscando una salida del infierno. Te encontré, en un
recoveco de tu sonrisa, perdida en el extremo de tus labios, y te devolví, beso
a beso.
Ganamos.
Perdí. Me deje vencer por un halo angelical que por equivocación, te habían
dado a ti, ángel del infierno. Tú, que me llevaste al cielo, tú, que me
quitaste la vida en cada suspiro, y me la devolviste con cada susurro.
Tu
guerra, mi guerra. Firmamos la paz, en una servilleta perdida en la barra de un
bar, hicimos una tregua en tu cama, y la bandera blanca, se perdió entre las
sábanas…
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