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3.4.14

Pupilas rotas

Las pupilas dilatadas de tanto mirar sin encontrarte. De verte, y saber que no estás ahí, que a pesar de estar al lado no estás junto a mí.

Tus ojos, cansados de llorar, hartos de reír cuando no pueden más que mentir, se dedican a dejarme ir, a invitarme a marcharme, sin mirar demasiado lo que se queda atrás. 

Tengo miedo a perderme, pero me da aún más miedo el poder encontrarte. Buscarnos en una de esas noches tontas en las que de verdad, solo lo importante cuenta. Esas en las que las mentiras son la única verdad, en las que apenas nos hace falta hablar para saber que queremos.

Pero las noches tontas se convierten siempre en días listos, en los que las miradas sobran, las palabras matan, y los silencios, esos, por suerte, son los únicos que me dejan entrever que aún me quieres querer.

Tus labios disparan poco a poco, sin apuntar, sin querer matar ni herir, solo queriendo huir. Persiguiendo una mentira tan verdad, que es imposible de creer. Y de pronto, durante tan sólo un segundo vuelves a ser tú. Vuelves a mirar como si quisieses amar, vuelves a amar como si me quisieses tan sólo mirar.

Pero pronto te apagas de nuevo, te vuelves de acero y hielo, de viento y fuego, te desvaneces en tus cicatrices y me dejas allí, de nuevo, sin ti.

Y así cada noche, cuando nos volvemos a encontrar sin querer, cuando no podemos sino amarnos hasta no poder más, porque no sabemos que nos deparará el nuevo sol de la mañana. Así. Ya no te quiero querer, pero no te puedo perder. No te quiero encontrar, pero no puedo dejarte marchar. 


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