“Hay abrazos que te devuelven la
vida, que te recargan las pilas con tan sólo unos segundos. Puede que no sea el
tipo que más sabe de esas cosas, pero sé, que unos segundos en brazos de quien
lo merece, vale más que cualquier medicina, médico o botella”.
Ella,
es una combinación perfecta entre las mejores virtudes y los más bajos
instintos del ser humano. No es nada del otro mundo, pero es lo mejor de este.
No copa portadas de la prensa rosa, ni aparece en fotografías del mundo de la
moda. Pero, aparece en las mejores fotografías de mi vida.
No
es solo una mujer, son tantas, que cada día puedes encontrar a una distinta.
Puede que ni tan siquiera exista esa a la que yo tanto anhelo, pero sin duda,
existe esa por la que me desvelo.
Sus
ojos, profundos como el océano pacífico, surcados por miles de historias, que
más de una vez, acaban convirtiéndose en una de esas lágrimas traicioneras, que
la hace llorar, tan sólo por el placer de poder recorrer su rostro, y
precipitarse al vacío.
Sus
labios, tan callados, tan rotos, tan de otros… Esbozados levemente en su cara,
queriendo desaparecer, jugando a querer, y queriendo ser principio, fin e
intermedio, en esta tragedia que es el amor.
Es,
sin duda, un ángel caído. Una dama, que vaga por entre la gente, buscando un alma
que sea capaz de completar la suya. Demonio, que busca, en labios de otros,
recomponerse de sus lágrimas. Te atrapa con su mirada, te embelesa con su piel,
y te devora. Hace que te pierdas entre sus piernas, que la encuentres en el
fondo de un vaso, o entre los cristales rotos de una botella.
Así,
es ella.
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