Una
mano fría, rozó la mía. Estaba deambulando cabizbajo por la calle, con mis
auriculares puestos, inmerso en un mundo en el que ni yo mismo estaba cómodo,
cuando de pronto lo sentí. Siempre he tenido las manos calientes, y odiaba que
alguien se quitase el frío a mi costa.
Pero
ese roce tan sutil, me pareció como si se tratara de un ángel. Un escalofrío
recorrió todo mi cuerpo. Mis oídos dejaron de escuchar aquella melodía, que
junto a una voz rota me acompañaba.
El
mundo se congeló. Me giré para tratar de ver quién había sido el causante de
aquella sensación. Solo vi cabezas que, centradas en su vida, caminaban
dispersas. Todas, salvo una. Era un ser que, como yo, había salido a despejar
su cabeza y a vaciar su alma. Llevaba uno de esos gorros de lana con una borla
culminándolo, un largo abrigo negro, y unas botas también negras.
Visto
desde atrás, parecía una chica. Me quedé allí parado, viendo como ella se
alejaba y se perdía entre la multitud. Cuando pude reaccionar, volví a escuchar
esa voz rota, y me sumergí en mi mundo de nuevo.
Decidí
caminar un par de manzanas más. Y entré en una cafetería, de esas que tienen
una gran cristalera que permite ver la calle, para escribir un poco y tomar un
café bien cargado. Elegí una mesa solitaria, con una sola silla, y bastante
próxima al cristal. Me centré en ese pequeño bloc de notas que siempre iba
conmigo.
Tras
un par de líneas, decidí sorprenderme con la gente que pasaba por la calle. La
verdad es que nadie me llamaba especialmente la atención. Decidí volver, nada
merecía la pena allí fuera.
Un
reflejo me sobresaltó. Alguien había pasado al lado del cristal. ¿Podría ser
ella? Qué demonios me está pasando, ahora veo reflejos de una chica que ni sé
cómo es. Quizás sólo sea un producto de mi imaginación.
Me quedé helado, un
escalofrío de nuevo…
Decidí
salir de nuevo a la calle. Volví a casa, y jamás sentí nada igual… Supongo que
ya no la veré más. Había perdido aquella oportunidad…
Después de tu última entrada me dejaste preocupada!
ResponderEliminarMe ha gustado mucho la última parte. Todos los días aparecen oportunidades frente a nosotros. Unas veces las aprovechamos, otras las dejamos ir
Y nunca sabremos que es lo que habría pasado si...
Lo que más me sorprende es cuando la dejas escapar y por casualidad o destinó esa persona se vuelve a cruzar en tu camino.
Me gusta mucho como escribes.
Un saludo y te espero en mi blog :)