Seguidores

16.12.13

Eme

Hoy, por fin, te he soñado. Bueno, te he imaginado a mi manera, pero eras tan sublime que no me he podido resistir a escribirte.

Tus cabellos profundamente negros, jugaban con el viento a visitar otros lugares. Tus ojos, más verdes que las hojas de los árboles, me engañaban para que pasase y me perdiese en ellos. Esa sonrisa, perdida entre la gente, esa risa, despistada, tímida y elegante, que animaba a confesar en ella todos los pecados…

Te encontré caminando entre la multitud, perdida, caminando por un sendero sin rumbo. Y te paraste frente a mí, con aires de niña pequeña, que no encuentra su juguete favorito. Me miraste, y me atrapaste.

Tus suaves formas quedaban atrapadas en mi retina, y de pronto, abriste tu boca, un hilo de voz, me dijo medio canturreando que te acompañase. Quizás tan solo fueron minutos en el sueño, pero a mí me parecieron horas, horas que sin conocerte, fueron las mejores de mi vida.

Me disponía a besar tu mejilla para despedirte, cuando unas fauces de acero me arrancaron de aquel sueño, era ese maldito despertador con su tintineo metálico. No me pude despedir, pero tengo tiempo para soñarte de nuevo esta noche. Aunque, la despedida, será desgarradora, pues el tiempo no nos da descanso.

Por favor, vuelve esta noche.


No hay comentarios:

Publicar un comentario