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12.12.13

Llévame contigo

Noté como alguien apretaba mi mano. No sé quién era. Apenas puedo acordarme de aquellos instantes. Creo que me derrumbé súbitamente en el suelo y luego alguien no soltaba mi mano. Siempre estuvo allí, hasta que desperté.

Estaba en una de esas habitaciones blancas, asépticas, vacías y temerosas. Y no había nadie, me vi los brazos llenos de vías, y el pecho con un buen puñado de cables. Mi móvil, las llaves y la cartera estaban sobre una de esas mesillas. Esas que dejan un minúsculo hueco para que te acuerdes de lo que tenías fuera, pero insuficiente para infundir esperanzas de salir de allí.

Un pitido infernal inundaba aquel silencio, supongo que era uno de esos trastos que monitorizaba mis constantes. Poco me interesa lo que pase. Mientras investigaba ese universo blanco, una enfermera entro en la habitación. Tenía cara de mala leche. Apenas se dirigió a mí, me puso una inyección que me llevo de nuevo a los brazos de Morfeo y salió de la habitación sin mediar palabra.

Tan solo un par de horas después, noté como alguien apretaba mi mano de nuevo. Abrí los ojos, y la vi, era una joven preciosa. Sus ojos, negros como la noche brillaban, su sonrisa me habló. No pude mantener los ojos abiertos demasiado tiempo, los cerré de nuevo, y la vi allí, dentro de mi profundo sueño.


Un pitido sordo inundo la habitación. Se había ido.

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