Esto
termina. Apenas quedan tres horas para irme de aquí para siempre. Dejaré todo,
y a todos. En este viaje no necesitaré equipaje, lo he ido perdiendo durante
estos tres últimos meses. Llevo cerca de un año tumbado en la misma cama,
mirando el mismo techo cada mañana.
No
quiero seguir. Sé que la mirada que me has regalado hace tan sólo unos
instantes, era la última. Era tu mirada de: “piénsalo, por favor”. Ya no hay
vuelta atrás.
No
me despido, porque si hiciese eso, implicaría que os olvidaríais de mí. Quiero
que me recordéis, que sigáis siendo tan felices como lo fuimos antes. Pero
debéis seguir caminando, no sólo por vosotros, también por mí.
Yo
me apago, pero tras de mí, queda una bonita vida. Bonita gracias a ella. Puede
que muchos no la conozcáis, pero es la mujer más hermosa del mundo.
Sus
ojos son una mezcla entre el azul y el gris, similares a una nube de tormenta.
Su pelo, puro oleaje. Mi vida, toda ella. He de confesaros, que más de una vez
me perdí en su cuerpo, y la primera de todas las veces, me jugué la vida
cruzando el abismo que había hasta sus labios. No sé qué hubiera sido mi vida
sin ella, quizás, hoy, antes de partir, no estaría escribiendo esto.
Ya
no puedo más. Pienso cómo me gustaría que fuese ese instante. Creo que mi
despedida más dulce debería venir de sus labios, el último, el punto y final a
media vida juntos…
No
queda tiempo, me voy, se acerca el fin… Gracias por quererme, recordadme
siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario