Avanzamos irremediablemente, pero seguimos teniendo los mismos problemas de antes. Cuando esa persona especial se nos acerca, se nos acelera el corazón, bombeamos más sangre, aumentan nuestras pulsaciones, comenzamos a sudar y a no saber que decir… ¿De verdad es necesario que suceda esto cada vez que él o ella se acercan a nosotros?
¡Para! ¡Reflexiona! Toma aire, piensa lo que quieres, y lucha por ello. Da igual como sea, de dónde sea o que pretenda. Inténtalo. Juega, pierde, gana… ¡vive!
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