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4.6.13

Últimos instantes

Sacó una de sus camisas blancas del armario, mientras la abotonaba cuidadosamente ya estaba en busca de su traje. Se colocó los pantalones, pilló su camisa con ellos y se sentó sobre la cama para atarse los zapatos. Mientras los ataba, pensaba en ella, iba a ser la última vez que se iban a ver si nada pasaba entre ambos. Él se iría fuera del país, ella seguiría con su vida. ¿Merece la pena luchar por algo que no sabes si pasará?, se preguntó, él mismo se respondió. Sí. Quizás sea una locura pero ella merece esa locura. No, dijo una parte de él, ella no será nada, olvídala. Terminó de atarse los cordones de los zapatos. Se puso la americana, cogió la cartera, la colocó en el bolso interior de la chaqueta, y cogió las llaves de casa y la llave de su coche. Se fue despacio, cerró suavemente la puerta y se perdió escaleras abajo.

Una vez abajo, se montó en el coche, le encantaba conducir. En apenas cinco minutos llegó a aquella fiesta. Tras entrar en esa casa y saludar a un par de conocidos… ahí estaba ella, despampanante, con un vestido negro, unos zapatos de tacón del mismo color, y su pelo suelto. Sus ojos azules brillaban, su sonrisa, iluminaba todo su rostro, no podía apartar sus ojos de ella. Era hermosa, muy hermosa.
Se desabrochó un par de botones de la camisa, apuró la copa de champán que tenía en sus manos, respiró hondo y se fue a por ella.

Tenemos que hablar, le soltó en cuánto se acercó. ¿De qué?-dijo ella. De nosotros, le respondió con voz firme y segura.

Salieron al jardín de la casa, un cielo repleto de estrellas les observaba, no había nadie más. Volvió a respirar hondo, tenía tantas cosas que decirle, aunque también tenía la sensación de que era mejor no decir nada. Tomó su mano, se alejaron un poco del bullicio provocado por la gente y le ofreció sentarse sobre la hierba.

Allí se quedaron ambos, inmóviles, sin ser capaces de decir ni una sola palabra, pasaron un buen rato allí, solos. Después, él, se levantó, la miró, y se alejó de ella, esperando un gesto por su parte, algo así como no te vayas, quédate, te necesito… Nada. Volvió a la fiesta y se perdió entre la multitud.

Todo terminó. Aquello que fue sin ser, tuvo un final, triste, él solo quería llorar…

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