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26.6.13

Tan solo tú

No quiero que te vayas. Fue lo único que fui capaz de decir, cuando me dijo que esta era su última semana aquí, conmigo… Y es que, a pesar de haber pasado poco, muy poco tiempo juntos, apenas unos meses, ya no imaginaba mi vida sin ella. Era la persona que equilibraba mi vida, me calmaba, me entendía y lo más importante, reía y lloraba conmigo y por mí. Era indescriptible lo que sentía a su lado. Además de guapa e inteligente, se preocupaba por mí, que más se puede pedir…

Y lo de guapa, no es que lo diga porque es la mujer más importante de mi vida, que también, pero es que… tiene algo especial. Su pelo es liso, largo, suave y negro como el carbón. Sus ojos, esos ojos, azules, tan azules como el mar, y brillantes, llenos de alegría. Lo mejor de aquellos ojos, es que me regalaban una cantidad de miradas, quizás, más de las que merecía… La sonrisa era perfecta, su nariz graciosa y el conjunto era de una gran belleza. Su cuerpo, era esbelto, de proporciones perfectas.

Se fue. No pude impedirlo, ni me atreví a suplicarle que se quedase. Ahora ya solo me quedaban, un par de fotos que adornaban mi viejo corcho y un puñado de palabras plasmadas en tres o cuatro cartas que intercambiamos durante esos meses. Decidió releer aquellas cartas, es increíble como un puñado de palabras que alguien se dedica a juntar mientras piensa en nosotros, es capaz de trasmitir tantas cosas.

Aquellas cartas fueron el principio y el fin de algo, no sabía demasiado bien el qué, pero era su historia, aquella historia…

Pasaron meses hasta que se volvieron a encontrar. La necesitaba, se había acostumbrado a vivir con ella, pero el caso contrario no resultaba tan sencillo. No había podido olvidarla. Aún recordaba su olor, como el viento mecía su pelo, sus abrazos, tan largos y a veces amargos, y sus besos, aquellos besos en los que se jugaban todo y nada. Esos besos de un instante, de una vida…


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