Mientras caminaba por la biblioteca en busca de tan ansiado libro, mis apuntes, reposaban sobre una mesa, junto a mi portátil, esperando a ser leídos. Pasé al menos quince minutos entre los pasillos de aquella inmensa biblioteca. Cuando regrese a mi silla para retomar aquellos insufribles temas acerca de la historia de unos hombres que habían conquistado innumerables tierras, vislumbre un post-it de color verde, con forma de manzana. Estaba colocado sobre mis apuntes, y era evidente que provenía de una persona que estuviese allí estudiando.
En el post-it, había una frase escrita que rezaba lo siguiente: “Res, non verba”. Pese a haber estudiado latín en mi adolescencia, no estaba demasiado seguro acerca de la traducción instantánea que hice. Por ello, acudí a internet (dicen que lo sabe todo), aparecieron 234.000 resultados, todos demasiado insulsos. Me decidí por el traductor. Los hechos, en lugar de las palabras. Eso es todo lo que me dijo el dichoso traductor, muy aproximado a mi primera traducción.
Pasé unos minutos observando a quien me rodeaba, pero tampoco obtuve una conclusión clara. Nunca se me dio bien conocer a la gente, ni saber quién podía haber hecho tal o cual cosa…
Me centré en mis apuntes de nuevo, eran, lamentablemente, de las cosas más interesantes de aquella biblioteca. Todo esto, hasta que una chica morena, con el pelo recogido y gafas, se sentó justo delante de mí. Tenía los ojos marrones, y parecía muy tímida.
Fue entonces, cuando releí aquella nota que había aparecido hace unos minutos sobre mis apuntes. “Res, non verba”. Se supone que debería hacer algo en lugar de tan solo imaginarlo o comentarlo con mis amigos y conocidos.
Pero… si no conocía de nada a aquella chica, ¿qué demonios se supone que debería hacer yo? ¿Por qué he de hacerle caso a una nota que ha aparecido en mis apuntes?
En aquel preciso instante, levante la mirada, la vi. Estaba sumida en sus apuntes, ajena al resto del mundo. Ausente. Preciosa.
Cogí unos post-it que tenía cerca y coloqué uno en la parte trasera de la pantalla de mi ordenador, donde ella pudiese verlo. Volví a mis apuntes, esperando que ella hiciese algo… En aquella nota, tan solo puse una frase: “Seguro que tienes una bonita sonrisa, ¿me dejas verla?”
No respondió en las siguientes tres horas, me fui. Estaba realmente decepcionado, para una vez que decido hacer algo y no tengo respuesta. Cuando estaba a punto de salir a la calle, una vocecilla me dijo: “¿No querías verme sonreír?”
Res, non verba.
Este me ha encantado miguelin!!!
ResponderEliminarMuchas Gracias :)
Eliminar