A
la asesina de corazones.
Querida,
deja de descerrajar tiros a bocajarro cuando encuentras a alguien que de males
sabe mucho y de amores nada. Y no seas tan certera, deja que solo les roce el
corazón, por el lado derecho, que duele menos, y se olviden, en un par de meses
de la cara angelical que te precede. Y de esa arma que llevas siempre cargada,
dispuesta a disparar en cada pupila a la que te enfrentes.
No
olvides que a veces, también sienten. Y que aunque ese recuerdo tan dulce que
dejas no esté del todo mal, esa cicatriz impenetrable es difícil de borrar. Así
que cíñete a matar de un disparo, pero no les dejes medio vivos.
Y
ahora supongo que estás pensando dispararme, en cuanto me veas, pero me temo
que ya es demasiado tarde, diablesa, porque disparaste, justo en centro de eso
que algunos dicen que tengo y que de vez en cuando, late, pero no por amor,
sino por compasión, esa que le produce a mi desangelado motor el no verme más.
Pero
no te equivoques, el disparo aún sigue ahí guardado, y cada vez se envenena
más, y no sé qué decirte, bueno, sí, que me da igual.
Que ya no me afectas. Que
ni te quiero ni me alteras. Que ya no. Que tú, no.
Que
esos ojos color de nubes ya no me verán más. Que si te llueve, sea cerca del
mar. Y eso era todo, que dejes de matar, porque ya sabes lo que dice el maestro
Sabina, “que amores que matan, nunca mueren”. Pero te digo que morirse de amor,
a tu lado no me hubiera parecido tan grave. Y verte desaparecer, entre ese
montón de nada que te persigue, no está nada mal.
La
he encontrado. No ha necesitado ni siquiera disparar, la he dejado pasar. Sus
ojos ni se acercan a las nubes que tú tienes, pero sus tormentas no son tan
graves, sus labios, al contrario que los tuyos, no queman. Y sus besos, que te
diría de sus besos, que al menos no envenenan, que curan y calman. Que ella me
devuelve, poco a poco el pulso de ese metrónomo desacompasado que gasto en los
meses de verano.
Si
piensas disparar, que sea al costado, que no es tan grave, y el dolor,
comparado con el de estar a tu lado será tan efímero, que no será ni notado.
Que
ya ni te quiero, ni te espero.
Disparen.
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