Hacer
de verdad. Muchas veces encuentro que la gente vuelve sus miradas atónitas ante
una risa que realmente es sincera. ¿Saben de lo que les hablo? Esa
incontinencia de la risa que provoca una alteración insospechada en quienes le
rodean, que miran, sorprendidos, y en cierto modo con desprecio por no acatar
esa norma no escrita de convertirse en una persona comedida en público.
Es
difícil encontrar a alguien así, técnicamente imposible. MENTIRA. También
afirman que aquí, el tipo este que escribe, que es frio, apático y tan sólo
habla sobre nimiedades, tiene un desarrollo plano, como si fuese el arquetípico
tipo que tan sólo sabe hacer una cosa en su vida. Pues no, a veces, me muestro
como realmente soy, y creo que es mejor.
Cada
vez que te encuentras dispuesto a desenmascarar tu verdadero yo, ese que
pasaría horas haciendo algo socialmente deleznable, porque a la gente no le
parece interesante, aparece ese miedo que te atenaza, y te susurra: “aún no, no
debes hacerlo”. Y vuelves al redil cual oveja perdida en un desapacible bosque.
Y
no sólo consiste en ser de verdad, también hay hacer las cosas como si nos
fuese la vida en ello, y de verdad, se va. Porque cada vez de forma más
frecuente encuentro a esos típicos tíos, ellas también, que cumple a la
perfección con todos los clichés y estereotipos establecidos, de la cabeza a
los pies. Del pelo perfectamente cortado, a ese habla, odiosa y descuidada,
pegados al teléfono, sin escribir todas las letras, porque eso no es lo que se
lleva.
Ese
momento te hace sentarte a pensar, y decirte que haces aquí. Pero sigues
caminando, porque cada vez hay menos lugar para la mente disruptiva, que busca
otros caminos. Y no solo en este ámbito la estereotipia social hace mella en
nosotros, también en eso que algún desgraciado, aún llama amor, o relaciones
esporádicas con otro fin distinto al de acostarse con la otra persona, pero
como esto último queda demasiado largo, lo seguiremos llamando amor.
Hay
veces, que confías en que la otra persona te… en que la otra persona… bueno, no
se porte demasiado mal. Y entonces, sucede. Te envuelves en un mar de lágrimas,
pero que haces, dibujarte la sonrisa de todo va muy, muy, muy bien, y sales a
la calle, a mentir. Como casi todos.
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