Generalmente
cuento cosas que me vienen a la cabeza, o me baso en recuerdos de personas,
para poder narrarles algo. O simplemente me dedico a quejarme de lo mal que
está todo, de lo que confío en la gente que estoy seguro de que triunfará, de
la vida y la muerte, del estúpido y necesario amor, o simplemente les coloco
letras en una disposición adecuada para que alguien se dedique a leer lo que le
muestro al mundo.
Creo
que llevo cerca de dos años (quizá algo más) escribiendo en este blog, y además
de mejorar las formas, y adecuar mis palabras a un texto, he conseguido muchas
más cosas. Algunas de las más importantes tienen que ver con la gente que me
lee. He conocido a un par de personas, que escriben de una manera increíble, y
aunque sólo haya intercambiado palabras con ellas, no me hace falta nada más
para saber qué tipo de gente son. De esas personas que he conocido, he recibido
todo tipo de halagos, han apreciado mi manera de escribir, me han hecho
sentirme diferente (en el buen sentido), ¡y hasta me han llamado escritor! He
tenido la enorme suerte de poder escribir junto a una de esas personas, y ha
sido una gran experiencia.
Además
de las nuevas, he descubierto, que hay quien me lee, sin que yo lo sepa. Y que
aprecia las palabras que decido colocar aquí. Es una satisfacción enorme, saber
que hay alguien, al otro lado, que se dedica a leer las divagaciones de un tipo
como yo, y lo mejor de todo… le gustan.
Y
creo que aún mejor que todo eso, es que he podido descubrir mundos, en
palabras, de otras personas que afortunadamente no se parecerán en absoluto a
mí. He vaciado en todo este tiempo, mi cabeza de cosas que me atormentaban, y
me ha ayudado escribir, aunque nadie lo lea.
Sé,
que como a mí, les quedan muchos pasos que dar en esta vida. Y bueno, aunque a
veces asusta un poco, están en buena compañía.
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