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25.10.14

A.H.O.R.A.

Rellenaría cada ápice de su piel con esta cantidad ingente de palabras que le dedico. Y ahora, que la miro, a hurtadillas mientras ella se hace la distraída y obvia mi presencia, hasta que me distraigo y me sigue con sus ojos. Ese par de nubes de tormenta, que amenazan con lluvia cada noche en que me despide.

Y es que no sólo evoca palabras, invita a llenar ese lienzo vacío ante el que me aterra enfrentarme. Pero una imagen, escasa, efímera, me lleva hasta ella. Les diría algo así como dice Sabina: “cuidado chaval, te estás enamorando”. Pero no, porque ella es tan etérea que es imposible saber quererla.

Y no les diré que no, porque con ella, así, como no. Su desparpajo arrogante que acecha cada instante. Y es dulzura, que se desvela cuando menos lo esperas. Con esos ojos, de gata callejera ye envuelve, y se escapa, se va. Una y otra vez. ¡Y lo que duele perder!

Pero aún tengo la esperanza, de encontrarme con esos ojos de tormenta una noche de luna llena, y decirle que por qué no. Y no esperaré respuesta, no es su estilo. Pero acallará el rumor, bastante lejano, de mi corazón. Ese corazón, que como un metrónomo que se ha descompensado, ahora late a contratiempo.


Y con una mirada, esa tan perdida, la encargada de encontrar almas, me buscará. Y no duden, me envolverá entre esas alas que se cubrieron de cicatrices y me llevará lejos. A su lado.

2 comentarios:

  1. Me ha encantado. Y la última parte del texto...
    Y que sigas citando a Sabina.
    Eres muy bueno :)

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