Rellenaría
cada ápice de su piel con esta cantidad ingente de palabras que le dedico. Y
ahora, que la miro, a hurtadillas mientras ella se hace la distraída y obvia mi
presencia, hasta que me distraigo y me sigue con sus ojos. Ese par de nubes de
tormenta, que amenazan con lluvia cada noche en que me despide.
Y
es que no sólo evoca palabras, invita a llenar ese lienzo vacío ante el que me
aterra enfrentarme. Pero una imagen, escasa, efímera, me lleva hasta ella. Les
diría algo así como dice Sabina: “cuidado chaval, te estás enamorando”. Pero
no, porque ella es tan etérea que es imposible saber quererla.
Y
no les diré que no, porque con ella, así, como no. Su desparpajo arrogante que
acecha cada instante. Y es dulzura, que se desvela cuando menos lo esperas. Con
esos ojos, de gata callejera ye envuelve, y se escapa, se va. Una y otra vez.
¡Y lo que duele perder!
Pero
aún tengo la esperanza, de encontrarme con esos ojos de tormenta una noche de
luna llena, y decirle que por qué no. Y no esperaré respuesta, no es su estilo.
Pero acallará el rumor, bastante lejano, de mi corazón. Ese corazón, que como
un metrónomo que se ha descompensado, ahora late a contratiempo.
Y
con una mirada, esa tan perdida, la encargada de encontrar almas, me buscará. Y
no duden, me envolverá entre esas alas que se cubrieron de cicatrices y me
llevará lejos. A su lado.
Me ha encantado. Y la última parte del texto...
ResponderEliminarY que sigas citando a Sabina.
Eres muy bueno :)
Muchísimas gracias, demasiados halagos.
EliminarUn beso :)