Rebelde.
Agnóstica, supongo. Implacable. Impecable. Despiadada. Adorable. Insaciable.
Ángel. Demonio. Oscura luz. Genial. Inteligente. Apática. Dispersa.
Irreverente. Divertida. Extraña. Egocéntrica, en ocasiones. Testaruda. Quejica.
Especial. Malherida, por tantas historias que no he escuchado. Creadora de
necesidades afectivo-emocionales. Halagadora. Devora palabras. Encantadora de
tipos raros. Saca sonrisas. Abraza todo. Princesa. Heroína. Diva. Rara. Niña.
Es imposible definirla mejor, bueno, al menos
mi visión de ella. Esa que ya conocen tanto como yo. Es un cúmulo de palabras,
algunas poco utilizadas, como a ella le gusta. Así empezaría mi definición de
alguien tan diferente al resto, y tan parecida a mí, que me hace estremecer en
cada abrazo.
Ella,
que besa con los ojos abiertos, y muerde tus labios cuando besa. Ella, que deja
que hunda mi cara en su pelo cuando acecha la tormenta. Y cuando arrecia la
lluvia, me deja cobijarme en esos ojos, azules, casi verdes, medio grises,
diferentes, esos que no dejan de mirar. Esos que a veces, encuentro que a
hurtadillas, me vigilan mientras yo me disperso entre los recuerdos que no me
apetece olvidar.
Y
creo que no lo podrán creer, pero el tipo este que escribe, ese que jura no
haberse enamorado nunca, el que finge no tener sentimientos, acaba de dejar que
una lágrima furtiva, aún no sé de qué tipo, se deslizase por su mejilla
derecha. Esa mejilla que se une a la de ella en cada abrazo. Porque aunque no
es un gesto mecánico ese de abrazar, es una rutina tan placentera, que las
zonas están marcadas.
Y
esos gestos, contraídos, velados sobre las reales intenciones, se convierten en
acciones que nos acercan a un precipicio. Un abismo más profundo que esos
labios, que más de una vez me han besado. Y no les mentiré, me da igual caer si
ella aparece para continuar el camino.
No
les diré nada que no sepan, pues la he convertido en eterna con mis letras,
pero se acerca el final. Noto como los últimos compases se escapan entre mis
dedos, y no puedo hacer nada, nada más que aferrarme a cada instante, pero aun
así, se escapan. Y es algo que me atormenta, me desvela cada noche.
Porque
sin ese demonio caído del cielo, o ese ángel subido del infierno, ya no. Ella,
que tiene las llaves del cielo, y una puerta al purgatorio escondida en el
cielo de su boca, yo no.
Qué bonito. Siempre acabo con la misma sensación cuando leo algo tuyo. Con una buena sensación.
ResponderEliminar¡Muchísimas gracias! Un placer que me leas :)
Eliminar¿Por qué se acerca el final?
ResponderEliminarDescribes a la chica perfecta, de ensueño, donde nadie quisiera despertarse nunca...
Genial, como siempre.
Supongo que se acerca el final porque una etapa acabará pronto. Y sí, parece que es la chica perfecta, pero es eso, tan sólo un sueño.
EliminarMuchísimas gracias por tu comentario.
Un beso :)