Se acercó a ella sigilosamente, tocó su espalda de abajo arriba, terminando en su cuello. Acercó sus labios al oído de ella, y entonces susurró algo. Algo lleno de emoción, alegría y cariño, quizás fue un te quiero o un no te olvidaré jamás.
Ella se volvió, lo miró fijamente a los ojos, a él le costó mantener la mirada pero aquellos ojos verdes eran capaces de centrar toda su atención y capturarle para sumergirle en un mundo en el que la perfección existía, la perfección era ella.
Él se llenó de valor, la acercó a su cuerpo, apretó contra si lo que pudo, quería sentirse muy cerca de ella, porque podía ser la última vez.
Ella no opuso ninguna resistencia, también quería sentir cerca a aquel chico. Él en un acto de locura irracional decidió robarle un beso, quizás fuese el único, o quizás el primero de muchos otros. Ninguno de los dos lo esperaba, se dejaron llevar…
Tras unos instantes, él, la separó, miró al suelo y se fue. No volvería jamás, pero probó la felicidad de sus labios un instante para la eternidad.
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