No quiero que te vayas. Fue lo único que fui capaz de decir, cuando me dijo que esta era su última semana aquí, conmigo… Y es que, a pesar de haber pasado poco, muy poco tiempo juntos, apenas unos meses, ya no imaginaba mi vida sin ella. Era la persona que equilibraba mi vida, me calmaba, me entendía y lo más importante, reía y lloraba conmigo y por mí. Era indescriptible lo que sentía a su lado. Además de guapa e inteligente, se preocupaba por mí, que más se puede pedir…
Y lo de guapa, no es que lo diga porque es la mujer más importante de mi vida, que también, pero es que… tiene algo especial. Su pelo es liso, largo, suave y negro como el carbón. Sus ojos, esos ojos, azules, tan azules como el mar, y brillantes, llenos de alegría. Lo mejor de aquellos ojos, es que me regalaban una cantidad de miradas, quizás, más de las que merecía… La sonrisa era perfecta, su nariz graciosa y el conjunto era de una gran belleza. Su cuerpo, era esbelto, de proporciones perfectas.
Se fue. No pude impedirlo, ni me atreví a suplicarle que se quedase. Ahora ya solo me quedaban, un par de fotos que adornaban mi viejo corcho y un puñado de palabras plasmadas en tres o cuatro cartas que intercambiamos durante esos meses. Decidió releer aquellas cartas, es increíble como un puñado de palabras que alguien se dedica a juntar mientras piensa en nosotros, es capaz de trasmitir tantas cosas.
Aquellas cartas fueron el principio y el fin de algo, no sabía demasiado bien el qué, pero era su historia, aquella historia…
Pasaron meses hasta que se volvieron a encontrar. La necesitaba, se había acostumbrado a vivir con ella, pero el caso contrario no resultaba tan sencillo. No había podido olvidarla. Aún recordaba su olor, como el viento mecía su pelo, sus abrazos, tan largos y a veces amargos, y sus besos, aquellos besos en los que se jugaban todo y nada. Esos besos de un instante, de una vida…
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26.6.13
21.6.13
¡Vive!
Somos capaces de solucionar cualquier cosa, hemos inventado mil y un artilugios para salvar todo tipo de obstáculos. Pero, aún, somos incapaces de reaccionar bien ante una pérdida, una despedida, o simplemente ante una persona que nos gusta.
Avanzamos irremediablemente, pero seguimos teniendo los mismos problemas de antes. Cuando esa persona especial se nos acerca, se nos acelera el corazón, bombeamos más sangre, aumentan nuestras pulsaciones, comenzamos a sudar y a no saber que decir… ¿De verdad es necesario que suceda esto cada vez que él o ella se acercan a nosotros?
¡Para! ¡Reflexiona! Toma aire, piensa lo que quieres, y lucha por ello. Da igual como sea, de dónde sea o que pretenda. Inténtalo. Juega, pierde, gana… ¡vive!
Avanzamos irremediablemente, pero seguimos teniendo los mismos problemas de antes. Cuando esa persona especial se nos acerca, se nos acelera el corazón, bombeamos más sangre, aumentan nuestras pulsaciones, comenzamos a sudar y a no saber que decir… ¿De verdad es necesario que suceda esto cada vez que él o ella se acercan a nosotros?
¡Para! ¡Reflexiona! Toma aire, piensa lo que quieres, y lucha por ello. Da igual como sea, de dónde sea o que pretenda. Inténtalo. Juega, pierde, gana… ¡vive!
17.6.13
Te echo de menos...
Echo de menos hablar como antes. Ese fue el mensaje que alteró su sueño. Llegó a su teléfono a eso de las tres de la madrugada. Era de ella.
Se despertó, apenas veía con claridad, trató de coger el móvil palpando su mesilla. Lo encontró. Logro desbloquearlo tras varios intentos, y allí apareció. “Echo de menos hablar como antes”. No sabía si responder con un “yo también echo de menos hablar como antes, y verte sonreír…” o bloquear de nuevo el móvil y volver a dormir. Quizás era mejor no decir nada, aunque quería decirle tantas cosas…
Escribió, borró, y volvió a escribir… respondió. “Yo también”. Seco, escueto, sin sentido, sin pasión. Sentía demasiado por ella y ya le había hecho demasiado daño una vez… pero, ¿por qué ahora no podría ser diferente? Necesitaba decirle tantas cosas… Que se equivocó, que ahora sería mejor, que desde que la perdió ya nada es igual, que ahora los minutos parecen horas… Que con ella a su lado, él era capaz de hacer cualquier cosa. Pero… era mejor no decir nada, dejar que ella llevase la voz cantante, como siempre…
Ella estaba escribiendo, él ya se había desvelado completamente. “Vale”. ¿Sólo eso? ¿Echas de menos hablar como antes y dices vale?, pensó mientras leía una y otra vez aquel insignificante pero doloroso “vale”.
Decidió lanzarse. ¿Qué puedo perder?-se preguntó. Ya la he perdido a ella, qué más da. Comenzó a escribir, sin descansar ni un solo instante, le dijo todo aquello que hace tan solo unos instantes había pensado, terminó con un “Te quiero”.
Tardó más de diez minutos en contestarle, y tan solo le dijo: “Eres I.N.C.R.E.Í.B.L.E”. Le sorprendió aquella respuesta, ¿qué significaba? Un minuto después, le llegó otro mensaje: “Yo también te quiero”.
Sonrió, cerró los ojos, soñó con ella y al día siguiente, todo volvió a ser como antes…
Se despertó, apenas veía con claridad, trató de coger el móvil palpando su mesilla. Lo encontró. Logro desbloquearlo tras varios intentos, y allí apareció. “Echo de menos hablar como antes”. No sabía si responder con un “yo también echo de menos hablar como antes, y verte sonreír…” o bloquear de nuevo el móvil y volver a dormir. Quizás era mejor no decir nada, aunque quería decirle tantas cosas…
Escribió, borró, y volvió a escribir… respondió. “Yo también”. Seco, escueto, sin sentido, sin pasión. Sentía demasiado por ella y ya le había hecho demasiado daño una vez… pero, ¿por qué ahora no podría ser diferente? Necesitaba decirle tantas cosas… Que se equivocó, que ahora sería mejor, que desde que la perdió ya nada es igual, que ahora los minutos parecen horas… Que con ella a su lado, él era capaz de hacer cualquier cosa. Pero… era mejor no decir nada, dejar que ella llevase la voz cantante, como siempre…
Ella estaba escribiendo, él ya se había desvelado completamente. “Vale”. ¿Sólo eso? ¿Echas de menos hablar como antes y dices vale?, pensó mientras leía una y otra vez aquel insignificante pero doloroso “vale”.
Decidió lanzarse. ¿Qué puedo perder?-se preguntó. Ya la he perdido a ella, qué más da. Comenzó a escribir, sin descansar ni un solo instante, le dijo todo aquello que hace tan solo unos instantes había pensado, terminó con un “Te quiero”.
Tardó más de diez minutos en contestarle, y tan solo le dijo: “Eres I.N.C.R.E.Í.B.L.E”. Le sorprendió aquella respuesta, ¿qué significaba? Un minuto después, le llegó otro mensaje: “Yo también te quiero”.
Sonrió, cerró los ojos, soñó con ella y al día siguiente, todo volvió a ser como antes…
Escalofrío
Sintió como un escalofrío le recorría toda su espalda. Hacía meses que le había perdido y aún notaba su presencia. Casi todo le recordaba a aquel chico, que había sido muy importante en su vida. Lo era todo.
El día antes del fin absoluto, se despidió de él. Se marchaba, lejos de aquella ciudad. Apenas podía contener las lágrimas, él había significado tanto para ella durante aquellos meses, que le iba a resultar muy difícil olvidarle.
Él, incapaz de asumir lo que ella le contó, se marchó. Indignado, lleno de rabia e ira. No lo podía creer, la chica, su chica, se iba… ¡No podía terminar así! Necesitaba alejarse de todo aquello, y por eso, montó en su moto y se fue lejos. Bueno, eso es lo que él quería, apenas se alejó un par de kilómetros de ella, sus últimos kilómetros…
El día del funeral, estaba rota de dolor. Creía que por su culpa él ya no estaba allí. No paró de llover en todo el día, al menos sus lágrimas se disimulaban con la lluvia. No pudo esperar demasiado, se fue… Aquel día que todo terminaba para él, comenzaba de nuevo para ella…
Pasaron los meses, y aún no lo había asumido. Ahora, se veía ocasionalmente con un chico, pero no era lo mismo. No era él.
Cuando sintió aquel escalofrío, corrió a su cama, se tiró sobre ella. Abrió el cajón de su mesilla impacientemente, sacó un pequeño cuaderno y de dentro de este una nota. Necesitaba leer sus últimas palabras. Las que le escribió antes de coger su moto…
“Lo has sido todo para mí. Me has hecho FELIZ. Jamás te podré olvidar. TE QUIERO.” Tras leerlo, no paró de llorar… Arrancó una hoja de papel y escribió algo, lo volvió a guardar. Se levantó de la cama, respiró hondo y se dijo a sí misma: “Por él”. Y salió a comerse el mundo que un día se la comió, él no estaba, pero nunca se separó de su lado…
El día antes del fin absoluto, se despidió de él. Se marchaba, lejos de aquella ciudad. Apenas podía contener las lágrimas, él había significado tanto para ella durante aquellos meses, que le iba a resultar muy difícil olvidarle.
Él, incapaz de asumir lo que ella le contó, se marchó. Indignado, lleno de rabia e ira. No lo podía creer, la chica, su chica, se iba… ¡No podía terminar así! Necesitaba alejarse de todo aquello, y por eso, montó en su moto y se fue lejos. Bueno, eso es lo que él quería, apenas se alejó un par de kilómetros de ella, sus últimos kilómetros…
El día del funeral, estaba rota de dolor. Creía que por su culpa él ya no estaba allí. No paró de llover en todo el día, al menos sus lágrimas se disimulaban con la lluvia. No pudo esperar demasiado, se fue… Aquel día que todo terminaba para él, comenzaba de nuevo para ella…
Pasaron los meses, y aún no lo había asumido. Ahora, se veía ocasionalmente con un chico, pero no era lo mismo. No era él.
Cuando sintió aquel escalofrío, corrió a su cama, se tiró sobre ella. Abrió el cajón de su mesilla impacientemente, sacó un pequeño cuaderno y de dentro de este una nota. Necesitaba leer sus últimas palabras. Las que le escribió antes de coger su moto…
“Lo has sido todo para mí. Me has hecho FELIZ. Jamás te podré olvidar. TE QUIERO.” Tras leerlo, no paró de llorar… Arrancó una hoja de papel y escribió algo, lo volvió a guardar. Se levantó de la cama, respiró hondo y se dijo a sí misma: “Por él”. Y salió a comerse el mundo que un día se la comió, él no estaba, pero nunca se separó de su lado…
Sonrisas
La veía cada mañana. Me cruzaba con ella de camino a mi destino. Intercambiábamos miradas e incluso me regalo un par de sonrisas. Quizás, estuvimos meses cruzándonos de lunes a viernes, jugando y disfrutando cada vez que nos veíamos. Nunca le dije nada, pensé que sería una pérdida de tiempo. Una chica como aquella con un tipo como yo…
Aquella chica, morena, de ojos azules, no demasiado alta y con ese flequillo que apenas dejaba ver su ojo derecho, le daba un aire interesante. Sus ojos brillaban, y aquella sonrisa, era capaz incluso de iluminar las oscuras mañanas de invierno de aquella ciudad.
Lo cierto es que las cosas cambiaron, el tiempo pasó para ambos y un día dejaron de verse… Pero nunca fue capaz de olvidar esas miradas ni aquel par de sonrisas que un día le dedicó. Sin demasiado esfuerzo aquella chica conseguía hacerle feliz cada mañana. Ver que no todo era negro, que había otros muchos colores que no tenían por qué ser mejores, pero al menos si eran diferentes…
Tras desaparecer de mi vida, nunca antes otra había hecho sentirme así de feliz. Pasé unos meses buscando a aquella chica, pero el esfuerzo no sirvió de nada. En esos meses conocí otras, pero no era igual. Cuando daba todo por perdido, apareció de nuevo. Estaba ligeramente cambiada, pero estaba seguro de que era ella, aquella mirada era la suya.
Respiré hondo y me acerqué a ella. ¡Sí! Era ella, por fin… Hablamos largo y tendido, ella también me recordaba, al final del día, cuando la acompañaba camino a casa, se paró frente a mí. Me dijo que no debía seguir andado. Estaba confuso, ¿qué pasaba ahora? Ella se rio y se lanzó a abrazarme.
No pude evitar cerrar los ojos mientras ella me abrazaba, volví a sentirme feliz… Ya nunca fui capaz de separarme de ella, era especial, diferente. Quería recibir esos abrazos cada día, sonreír al verla despertar cada mañana a mi lado. La quería a ella…
Aquella chica, morena, de ojos azules, no demasiado alta y con ese flequillo que apenas dejaba ver su ojo derecho, le daba un aire interesante. Sus ojos brillaban, y aquella sonrisa, era capaz incluso de iluminar las oscuras mañanas de invierno de aquella ciudad.
Lo cierto es que las cosas cambiaron, el tiempo pasó para ambos y un día dejaron de verse… Pero nunca fue capaz de olvidar esas miradas ni aquel par de sonrisas que un día le dedicó. Sin demasiado esfuerzo aquella chica conseguía hacerle feliz cada mañana. Ver que no todo era negro, que había otros muchos colores que no tenían por qué ser mejores, pero al menos si eran diferentes…
Tras desaparecer de mi vida, nunca antes otra había hecho sentirme así de feliz. Pasé unos meses buscando a aquella chica, pero el esfuerzo no sirvió de nada. En esos meses conocí otras, pero no era igual. Cuando daba todo por perdido, apareció de nuevo. Estaba ligeramente cambiada, pero estaba seguro de que era ella, aquella mirada era la suya.
Respiré hondo y me acerqué a ella. ¡Sí! Era ella, por fin… Hablamos largo y tendido, ella también me recordaba, al final del día, cuando la acompañaba camino a casa, se paró frente a mí. Me dijo que no debía seguir andado. Estaba confuso, ¿qué pasaba ahora? Ella se rio y se lanzó a abrazarme.
No pude evitar cerrar los ojos mientras ella me abrazaba, volví a sentirme feliz… Ya nunca fui capaz de separarme de ella, era especial, diferente. Quería recibir esos abrazos cada día, sonreír al verla despertar cada mañana a mi lado. La quería a ella…
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