Aún, cuando cierro los ojos, y, en silencio rebusco entre los recuerdos, te escucho, resuenan tus palabras dentro de mi. Pero siento que se están yendo, qué se escapan de mi mente, y, que algún día jamás regresarán. Qué sufriré la incapacidad de recordar tu acento, tu forma de reír, o esas expresiones tan tuyas. Qué en algún momento olvidaré cómo te movías, cómo andabas o cómo me mirabas. Supongo, que al mismo tiempo, olvidaré cómo era estar a tu lado, qué sentía, o como nos reíamos.
Y se irá, lo que fue y lo que fuimos. Y cuando se vuelva oscuro, y todo escape de mi memoria, ahí sí, ahí te habrás ido para siempre.
Y yo, que siempre he transitado por esa asincronía del olvido, me encuentro luchando para que se mantenga, para que a pesar del tiempo, jamás te vayas de mi maldito corazón, y que vuelvas a pasar una y otra vez por el.
Hay una teoría que me fascina, es la curva del olvido. Esta, dice que aquellas cosas que nos impactan más, tienden a dejar una huella más profunda en nuestra memoria, y por tanto, somos capaces de recordarlas durante más tiempo. También, si volvemos a un recuerdo con mucha frecuencia, será más fácil que este se mantenga con nosotros.
Supongo que por eso insisto en recordar una y otra vez, por eso hablo a todo el mundo de ti, para que tu recuerdo, aunque la vida lo borre de mi memoria, perdure en otras personas.
No quiero que te olvides de mí, porque el olvido siempre significó la muerte la memoria. Y, si te vas de ahí, ya no queda nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario