Desmembrar
las palabras y los sentimientos, para construir con sus restos una realidad
ajena a nosotros mismos.
Puede
que ese sea el motor de la realidad de aquellos, que disfrutan de su paso
terrenal con una sonrisa en la cara. O quizás tan sólo sea una estúpida
acumulación de palabras creada por un tipo que se encuentra hastiado del mundo
que le rodea.
No
tiene mayor misterio esta técnica, que construir una personalidad impermeable.
Debe impedir el paso de cualquier cosa que provenga del exterior, ya sea buena
o mala. Simplemente se dedicará a poner cara de póquer y vagar por su entorno
sin que nada le importe, puede, que le tachen de insensible, borde, serio e
inmaduro, pero el resultado es totalmente satisfactorio.
Debe
tener en cuenta que tampoco tendrá nadie a quien recurrir en caso de
necesitarlo, pues se ha labrado un futuro en el que nadie permanecerá a su
lado. Es, en este caso, una elección expresa de soledad y abandono social.
Cabe
la posibilidad de que tras una azarosa sucesión eventual de situaciones
concretas, uno cambie de parecer. Y puede deberse esto, en gran parte a la
radical aparición de una persona en la vida de este tipo de seres. Algo así
como un ángel de caderas perfectas, clavículas afiladas, ojos taciturnos que
buscan un refugio en mitad de la noche, y el pelo alborotado. Quizás, sea ese
nuestro ángel, dispuesto a salvar cualquier obstáculo si permanece junto a
nosotros.
Hay
que esperar. Es la medicina más recomendada por esas personas, supuestamente
doctas, en asuntos del corazón, y del estómago, por aquello de las mariposas
que uno ha de engullir para alcanzar el estado sempiterno de la falsa
felicidad.
¿Saben?
Pueden esperar comiendo mariposas deshidratadas y bebiendo mucha agua, hasta
que aparezca alguien que decida cambiar radicalmente su pestilente existencia.
O pueden optar por instaurar una búsqueda constante y efectiva de nada, para
que algún día pase algo. Cualquiera de las dos opciones es completamente
loable, pues aquellos que buscan encuentran, y los que esperan reciben. Aunque
no siempre es así…
Erijan
un castillo impenetrable, y derríbenlo, solo así encontrarán el camino a
ninguna parte. Su destino y su suerte, está por escribir.
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