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4.2.15

Distopía

Desmembrar las palabras y los sentimientos, para construir con sus restos una realidad ajena a nosotros mismos.

Puede que ese sea el motor de la realidad de aquellos, que disfrutan de su paso terrenal con una sonrisa en la cara. O quizás tan sólo sea una estúpida acumulación de palabras creada por un tipo que se encuentra hastiado del mundo que le rodea.

No tiene mayor misterio esta técnica, que construir una personalidad impermeable. Debe impedir el paso de cualquier cosa que provenga del exterior, ya sea buena o mala. Simplemente se dedicará a poner cara de póquer y vagar por su entorno sin que nada le importe, puede, que le tachen de insensible, borde, serio e inmaduro, pero el resultado es totalmente satisfactorio.

Debe tener en cuenta que tampoco tendrá nadie a quien recurrir en caso de necesitarlo, pues se ha labrado un futuro en el que nadie permanecerá a su lado. Es, en este caso, una elección expresa de soledad y abandono social.

Cabe la posibilidad de que tras una azarosa sucesión eventual de situaciones concretas, uno cambie de parecer. Y puede deberse esto, en gran parte a la radical aparición de una persona en la vida de este tipo de seres. Algo así como un ángel de caderas perfectas, clavículas afiladas, ojos taciturnos que buscan un refugio en mitad de la noche, y el pelo alborotado. Quizás, sea ese nuestro ángel, dispuesto a salvar cualquier obstáculo si permanece junto a nosotros.

Hay que esperar. Es la medicina más recomendada por esas personas, supuestamente doctas, en asuntos del corazón, y del estómago, por aquello de las mariposas que uno ha de engullir para alcanzar el estado sempiterno de la falsa felicidad.

¿Saben? Pueden esperar comiendo mariposas deshidratadas y bebiendo mucha agua, hasta que aparezca alguien que decida cambiar radicalmente su pestilente existencia. O pueden optar por instaurar una búsqueda constante y efectiva de nada, para que algún día pase algo. Cualquiera de las dos opciones es completamente loable, pues aquellos que buscan encuentran, y los que esperan reciben. Aunque no siempre es así…

Erijan un castillo impenetrable, y derríbenlo, solo así encontrarán el camino a ninguna parte. Su destino y su suerte, está por escribir.


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