Si había decidido acabar con aquella triste historia que llevaba sobre su espalda, debería ser lo más anónimamente posible, debía ser un final digno de todo aquello. A su familia le dejaría una nota, explicándoles el porqué de todo aquello que iba a suceder en las siguientes horas. Y a ella… bueno, a ella le dejó una pequeña carta, que rezaba así:
A ti, mi mundo:
He reído y llorado contigo. Pero también te he hecho sufrir. Escribo estas líneas para decirte todo lo que siento por ti. Necesito decirte todo esto, antes de dejar atrás este mundo.
Vendería mi alma al mismo diablo tan sólo por ver tu sonrisa una vez más. Te quise siempre, pero me aparte de ti para no hacerte daño. A fuego en mi memoria quedan todos aquellos momentos que vivimos los dos juntos.
Cada mañana al despertar, cuando te veía dormir, y se dibujaba una sonrisa en tu rostro… te veía tan feliz…
Aquella noche tras unos meses sin vernos, cuando te acompañaba hasta tu casa, cuando nuestras manos se rozaron levemente y yo miré al cielo mientras tú suspirabas… eso, jamás lo podré olvidar.
Los primeros días cuando nos conocimos, o el día que me quedé sin palabras cuando te vi frente a mí en la puerta del piso.
Lo siento. Siento todo lo que he hecho y no ha sido bueno para ti. Siento no haberte dicho que te quería, no haber aprovechado cada segundo a tu lado.
Siento no haber sido tan bueno como tú mereces.
No puedo pedirte que me perdones, eso ya da igual. Te pido, eso sí, que seas feliz. Que quieras como yo te quise, que vivas a tu manera y que no cambies nunca…
Te dejo el último recuerdo, el penúltimo beso. Siempre los segundos a tu lado parecían minutos. Un instante duraba una eternidad, un suspiro era toda una vida.
Quise buscar mi cielo y jamás me di cuenta de que estaba aquí, en el suelo, junto a ti. Me equivocaba, como tantas otras veces, TÚ y tan sólo TÚ eras mi cielo, mi vida y mi mundo, mi hoy y mi mañana, mi futuro…
Nunca te olvidaré. Tan sólo puedo decirte dos palabras más…
Te quiero.
Tras terminar de escribir la carta, la metió en un sobre y puso su nombre. Colocó ambas notas dentro del cajón de su mesilla y dejó todas sus pertenencias sobre la misma. Se dirigió hacia la puerta y la cerró por última vez.
Caminó cerca de una hora hasta un puente, se descolgó hasta la repisa de uno de los pilares que lo sustentaba, debajo de aquel puente, un abismo. Empujó sus pies hasta el límite, y se desplomó hacia el rio.
Una suave brisa apagó su aliento antes de que llegase al suelo. En sus últimos segundos, tan sólo pensaba en ella…
No me gusta...
ResponderEliminarLa solución para acabar con los problemas, no es acabar con la vida...
Está claro que eso es lo más fácil, pero hemos de afrontarlos y continuar.
Me ha gustado la carta, lo que más "Siempre los segundos a tu lado parecían minutos. Un instante duraba una eternidad, un suspiro era toda una vida."
Genial, como siempre Miguel.
Un abrazo
Gracias por apreciar lo que escribo, y por pasarte por aquí.
EliminarUn abrazo.