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23.1.14

Hace tiempo

Hay quien se enamora de una mirada, de una voz, o simplemente de una risa. Y les admiro, porque la mayoría se enamora de un par de buenos atributos, o de unas curvas que dejen mucho, o demasiado poco a la imaginación.

Pero esos que se enamorar de una mirada o de una risa… esos son buenos. Hasta que la ven, y se replantean eso de enamorarse de cosas intangibles, y entonces salen a relucir esas bonitas escusas como que no son compatibles, o patrañas semejantes.

Hace tiempo que me prometí no enamorarme, pero, si lo hiciese, algún día de estos, sería de palabras, y de miradas. Palabras escritas, y miradas sentidas, porque es lo poco que queda en este mundo de  verdad.

Y también hace tiempo que dejé de buscar por miedo a encontrar, porque no quiero encontrarme con algo que nunca quise. Puede que lo más sensato sea terminar aquí, esperar, sentado, a que llegue el tren de mi vida, para poder dejarlo pasar mientras corro por el andén, gritando que esperen tan sólo un minuto más. El tren rara vez espera por alguien, y por mí, ya esperaron varios más de lo debido, y aún sigo aquí, esperando en la estación, hasta que llegue el próximo. O a que alguno que perdí, vuelva a pasar…

Pero, hasta entonces, seguiré mirando por ahí, y viendo a esas parejas, que se besan apasionadamente en la calle, o van de la mano, y cuando llegan a casa ni se miran, por miedo a decirse la verdad. Porque quizás, si se miran, comprueben que son un par de desconocidos, jugando a sentir, a vivir, a decir que aman. Pero no son más que dos idiotas, burlando la verdad, calentando sus camas, mezclando sus destinos…

Si me lo permiten, hagan todo esto con intensidad, amar, vivir, suban a todos los trenes que puedan, siempre hay tiempo de tirarse de ellos, aunque sea en marcha.





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