Me
encantan los amores de bar. Sí, ya saben, esos distorsionados que comenzaron su
andadura a eso de las cuatro de la madrugada, y con unas cuantas copas encima.
Creo que son la fiel representación de nuestra sociedad. De usar y tirar vamos,
como si de un vulgar pañuelo de papel se tratase. Y es que ocurre algo bastante
cómico, desde mi punto de vista al menos…
En
primer lugar, nos encontramos con ese macho dominante, que sale a comerse la
noche, bueno en realidad se comerá todo lo que le pongan por delante, pero eso
no es de mi incumbencia. Y nuestro macho dominante, algunos con un generoso
escote, muy masculino, por supuesto, salen con ese clan de “hombres”, en busca
de presas, también denominadas mujeres. Podríamos decir que salen buscando
faldas. Y bueno, lo primero se… ponen a tono, con bebidas espirituosas y
después sueltan su lengua para “conquistar” alguna mujer. Les digo conquistar
por decir algo, porque lo improperios que salen de sus fauces, en fin… merecen
una mención aparte.
Luego,
nos encontramos con esas mujeres, hiperarregladas y por supuesto, castas y
puras, que sale con un hermoso y pomposo grupo de delicadas barbies, que ya no
buscan a Kent, buscan al primero que pase.
Y
así, estas dos bonitas especies, se encierran en un local, con la música muy
alta, un calor infernal, y repletos de gente. Ellos, lanzados en busca de algo
que llevarse a esa hambrienta boca, ellas… delicadas, y haciéndose las
difíciles. Tras unas cuantas copas y horas soportando esa música, comienza el
ritual, y al final, Barbie, no se va con Kent, pero son felices, durante un par
de semanas, hasta que lo dejan.
Al
final, Barbie, tras encontrarse con muchos “hombres” en su vida, para a pensar
(no siempre, y mucho menos todas), y decide buscar a Kent, su príncipe azul.
Sí, ese que se ha pasado un cuarto de su vida colgado de una tía que no le ha hecho
ni puñetero caso, y ahora, que ella quiere y esta puta vida le deja, por fin la
suerte le sonríe. No es con Barbie con
quién él acaba, y él, ni mucho menos es Kent. Pero ella, es una princesa, y él,
será su príncipe. ¡Que le jodan a Barbie!
Y
Barbie, se queda sin Kent, sin el deportivo rosa chicle, y sin la mansión. Y se
va con cualquiera, que le mantenga los vicios, pero que sólo sea un amor, de un
rato.
No todos los amores que empiezan en un bar a las 4 de la mañana son un macho dominante y una barbie, no? Jaja
ResponderEliminarLa verdad es que muchas veces si es así, personas que buscan unas relaciones de usar y tirar, y claro, es difícil distinguir unos de los otros...
Como de costumbre, me ha gustado!
Ahora mismo en mis auriculares suena Vuit :)
¿Qué tal la semana?
Un besito
¡Muchas gracias!
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