Una vez más, está ausente. Sí,
esa persona que aunque digas que no, y que la has olvidado, sigues
necesitando. Pues justamente esa, es la
que el día en que más necesitas que uno de sus rayos salve el mes, no aparece.
Pero bueno, te vas acostumbrando, día tras día, desaparece, ¿y tú qué haces?
Sigues insistiendo como un
idiota, pensando que ella acudirá en tu ayuda. Hasta que por fin. Después de…
bueno, mejor no digamos después de cuanto, comprendes que ya no la necesitas.
Porque a fuerza de tanto pasar de ti, tú, valientemente, has decidido pasar de
ella. Y claro está, si algún día, las aguas vuelven a su cauce, tú serás el
único responsable.
El primer día te acuestas con una
sensación rara, como si te faltara algo… ¡pues claro que te falta, idiota! Pero
piensas, que con el paso de los días, la cosa se irá mitigando. Y por supuesto,
ese abanico de días que te espera, será todo un festival de alegría y color de
rosa… ¡en serio! Dejemos de fantasear.
Probablemente esos días, serán
los peores de tu vida, pero qué más da. Estás haciendo lo correcto. O eso
piensas tú, y otro par de idiotas que andan sueltos por el mundo, pero te
reafirmas en tu decisión, y antes de acostarte, cuando miras el calendario y
ves que han pasado dos días… ¡Exacto! Te acuerdas del momento en el que te
decidiste, y en el tiempo también, que pasa demasiado lento, y además parece
que la herida en lugar de cicatrizarse, se está infectando.
¡Por fin! Han pasado treinta
largos y penosos días, pero la has olvidado. ¡Lo has logrado! ¡Enhorabuena! Já.
Eso no te lo crees ni tú, ahora que parece que ha desaparecido… en un momento
de la tarde, ahí está. Un mensaje en tu móvil.
Y por supuesto que es suyo,
siempre tuvo el don de la oportunidad, no lo olvides. Te pide disculpas por
haberse ausentado durante tanto tiempo, y bla bla bla. Tú, que ahora ya no
cedes a ese tipo de chantajes, dejas el móvil y vuelves a tus quehaceres, pero
también dejas el mensaje.
Y en ese momento en el que estás
en la cama, esperando a que un profundo sopor te deje inconsciente unas horas,
para dejar de pensar, coges tú maravilloso móvil y contestas. No sabes porque,
pero lo has hecho, y para colmo te sientes bien.
Efectivamente, el tipo duro ha
vuelto a caer. Y en un par de meses volverás a la misma senda. Así que una de
dos, o lo haces bien, o empiezas a hacer algo para que esto no pase. Porque
queda muy mal, y acabarás siendo el malo de la película, y pidiendo disculpas por
haber sido tan estúpido… Pero qué le vamos a hacer, como diría Sabina, creo
que: “Cuidado chaval, te estás enamorando”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario