Unas alas tatuadas en su espalda con las que soñaba algún día poder volar. Aquella chica, cada noche mientras miraba las estrellas desde su ventana, deseaba ser libre para disfrutar de aquellas alas. Necesitaba librarse de aquella vida que llevaba y dar rienda suelta a la verdadera Inés.
Había un puñado más de tatuajes por su cuerpo, eran parte de ella y no sólo por estar para siempre en su piel, sino porque significaban algo más que las simples letras o dibujos que se veían a primera vista.
Las alas en su espalda. Una frase que rezaba: “Never stay alone” en su brazo derecho. Una pequeña estrella adornaba la parte interior de su tobillo izquierdo. Y unas iniciales en su muñeca izquierda, completaban, por el momento, el registro permanente de su vida en tatuajes.
Era morena, y llevaba el pelo siempre suelto, aunque a veces se lo recogía en un esperpéntico moño cuando necesitaba concentrarse… Sus ojos eran negros, si pasabas un rato mirándolos te absorbían de tal manera que todo el mundo alrededor desaparecía y sólo quedaba ella, además, eran tremendamente grandes y expresivos. Aunque últimamente, aquellos ojos, pasaban más tiempo cubiertos de lágrimas que de destellos brillantes de felicidad.
No era demasiado alta, y jamás dejaba que las camisetas desvelasen sus alas. Los vaqueros se ceñían a su figura y la acompañaban cada día. Jamás llevaba tacones, las zapatillas eran su más fiel compañía, con ellas deambulaba por las calles y recorría la vida, sin hacer demasiado ruido, sin tener demasiada prisa…
Inés, un día tropezó con aquel chico tan interesante como inesperado. Llevaba el pelo muy corto y hacia un lado, aunque solía cambiarlo dependiendo de su estado de ánimo. Cuando se sentía bien consigo mismo lo peinaba hacia la derecha. Aquellos días era capaz de comerse el mundo, de tragarse a ese tipo inseguro que muchas veces le dominaba y le hacía sentirse mal. Sin embargo, cuando lo peinaba hacia la izquierda, la timidez la vergüenza y el miedo se hacían con él.
Jamás pensó que aquella chica que conocía hace unos cuántos años, podría interesarse por él. Apenas habían hablado un par de veces cuando los juegos de miradas comenzaron a establecerse como una rutina.
Ella le miraba, él apartaba la vista aunque al segundo continuaba contemplándola.
Las miradas derivaron en sonrisas, estas en largas conversaciones que, tras mucho tiempo, culminaron en un leve beso en la boca al despedirse una noche.
Él, llego a casa, no sabía qué hacer. Se colocó frente al espejo, se lavó la cara un par de veces con el agua muy fría para tratar de convencerse a sí mismo de que todo lo sucedido no era parte de un sueño. Cuando logró por fin asegurarse de que todo aquello era real. Comenzó un ritual que llevaba demasiado tiempo establecido en él. Era un continuo, no quiero, no debo, no puedo. ¿Y sí no sale bien? ¿Y si le hago daño?
Hubo un instante en el que una lágrima se asomó en su ojo derecho. Debía parar. Calló. Reflexionó y se fue a dormir.
¿Y si sale bien? ¿Y si le haces feliz? Quieres, debes, puedes…
Inés acabó volando y disfrutando, por fin aquellas alas cumplían su cometido. Libertad. Huir de aquella prisión que ella misma había construido. No voló con él, porque aquel chico, no quiso, y pensó que no debía.
Ella disfrutaba cada día como si fuese el último, él se lamentaba cada día porque jamás fue el primero…
Seguidores
28.8.13
31.7.13
Decisiones...
Nacemos predestinados a estar con nuestra familia. No podemos elegir quiénes serán. Pero desde el momento de nuestro nacimiento, tenemos la capacidad de elegir.
No es hasta que vamos al colegio cuando empezamos a decidir quién nos acompañará en nuestra vida. En ese momento en el que comenzamos a tomar decisiones. Aunque aún en esos instantes, elegir a nuestros amigos es fácil, tan sólo tenemos que preocuparnos de que quieran jugar con nosotros.
Crecemos y llegamos hasta el instituto, ahí comenzamos a seleccionar a aquellos que realmente son más afines a nosotros. Que nos comprenden y que aceptan cómo somos en realidad.
Puedes elegir bien o mal, te equivocarás, pero esa sensación de haber decidido por ti mismo, es algo que nadie te podrá arrebatar.
Decides quién te acompaña en tu vida, puedes errar, y lamentarte o puedes actuar y levantarte. Podría decir tantas cosas, que necesitaría demasiadas palabras. Llega un momento en el que esas personas que tú has elegido para acompañarte a lo largo del camino, se transforman.
Han dejado de ser esos amigos que un momento escogiste, ahora son la familia que tú has elegido. Son parte de ti, son algo que perdurará en el tiempo. No tendrá importancia si están a unos metros o a cientos de kilómetros. Los tendrás ahí.
Puede que no seas el mejor, probablemente no cambies el mundo, pero aunque no lo sepas, ya has cambiado su mundo. Entraste poco a poco o de golpe, pero te mantuviste ahí cuando el viento soplaba con fuerza, cuando las olas atacaban tu barco. Luchaste junto a ellos contra todo, no los pierdas, porque ahora ellos, también son tu familia.
Y recuerda. Estés donde estés, si cierras los ojos, ellos estarán a tu lado. Nunca te abandonarán. Encuentra tus momentos, encuentra los momentos para compartir a su lado, eso os mantendrá unidos. Y ante todo, no los olvides.
No es hasta que vamos al colegio cuando empezamos a decidir quién nos acompañará en nuestra vida. En ese momento en el que comenzamos a tomar decisiones. Aunque aún en esos instantes, elegir a nuestros amigos es fácil, tan sólo tenemos que preocuparnos de que quieran jugar con nosotros.
Crecemos y llegamos hasta el instituto, ahí comenzamos a seleccionar a aquellos que realmente son más afines a nosotros. Que nos comprenden y que aceptan cómo somos en realidad.
Puedes elegir bien o mal, te equivocarás, pero esa sensación de haber decidido por ti mismo, es algo que nadie te podrá arrebatar.
Decides quién te acompaña en tu vida, puedes errar, y lamentarte o puedes actuar y levantarte. Podría decir tantas cosas, que necesitaría demasiadas palabras. Llega un momento en el que esas personas que tú has elegido para acompañarte a lo largo del camino, se transforman.
Han dejado de ser esos amigos que un momento escogiste, ahora son la familia que tú has elegido. Son parte de ti, son algo que perdurará en el tiempo. No tendrá importancia si están a unos metros o a cientos de kilómetros. Los tendrás ahí.
Puede que no seas el mejor, probablemente no cambies el mundo, pero aunque no lo sepas, ya has cambiado su mundo. Entraste poco a poco o de golpe, pero te mantuviste ahí cuando el viento soplaba con fuerza, cuando las olas atacaban tu barco. Luchaste junto a ellos contra todo, no los pierdas, porque ahora ellos, también son tu familia.
Y recuerda. Estés donde estés, si cierras los ojos, ellos estarán a tu lado. Nunca te abandonarán. Encuentra tus momentos, encuentra los momentos para compartir a su lado, eso os mantendrá unidos. Y ante todo, no los olvides.
Cicatrices
Una cicatriz es por definición una marca que deja una herida en nuestra piel. Casi todos tenemos alguna, de cuando éramos pequeños, o de alguna operación. Pero además de esas que nos acompañarán toda la vida y han dejado huella en nuestra piel, hay alguna otra, que aunque no se vea, también nos marca para siempre.
Hay heridas que nosotros mismos nos realizamos y que se acaban convirtiendo en cicatrices. Puede que sean las que más duelen, pero, son útiles para recordarnos el largo camino que hemos recorrido y los errores que hemos cometido. También nos recuerda como hemos superado todo, y nos hemos aferrado a lo que fuese necesario para no desistir en nuestro propósito de avanzar.
Queda otro tipo de herida, las que nos hacemos con alguien. Cuando nos lanzamos a la piscina y resulta que no había el suficiente agua. Son bonitas cicatrices, bellos recuerdos de lo que fue o no llego a ser. Es bueno tener cicatrices que te recuerden todo eso. Está bien esbozar una sonrisa de complicidad cuando recuerdas esas cicatrices.
Nunca debes dejar que todas estas heridas que han dejado huella en tu piel te hagan cambiar tu rumbo. Tan sólo puedes permitir que todas estas cicatrices te hagan ser mejor. Disfruta de ellas, recuérdalas, pero jamás vivas de ellas…
Hay heridas que nosotros mismos nos realizamos y que se acaban convirtiendo en cicatrices. Puede que sean las que más duelen, pero, son útiles para recordarnos el largo camino que hemos recorrido y los errores que hemos cometido. También nos recuerda como hemos superado todo, y nos hemos aferrado a lo que fuese necesario para no desistir en nuestro propósito de avanzar.
Queda otro tipo de herida, las que nos hacemos con alguien. Cuando nos lanzamos a la piscina y resulta que no había el suficiente agua. Son bonitas cicatrices, bellos recuerdos de lo que fue o no llego a ser. Es bueno tener cicatrices que te recuerden todo eso. Está bien esbozar una sonrisa de complicidad cuando recuerdas esas cicatrices.
Nunca debes dejar que todas estas heridas que han dejado huella en tu piel te hagan cambiar tu rumbo. Tan sólo puedes permitir que todas estas cicatrices te hagan ser mejor. Disfruta de ellas, recuérdalas, pero jamás vivas de ellas…
26.7.13
¿De qué sirve un beso?
Según el diccionario, un beso, es un toque que se hace a algo o alguien con los labios juntos y separándolos haciendo una pequeña aspiración.
Pero, ciertamente, hay diferentes tipos, el que te da tu madre cuando eres pequeño y ya estás en la cama. Que no sólo simboliza unas buenas noches, sino que te da seguridad, que te protege que eso implica que estarás seguro durante toda la noche.
Los que te da la familia, cuando hace mucho tiempo que no ves, que pueden ser una muestra de afecto e incluso de respeto. Además, ya son una costumbre, y nos vemos obligados a hacerlo.
Esos otros que das a tus amigas cuando las ves, que también, son un acto inútil, que la sociedad ha marcado y establecido como una pauta adecuada para saludar. Y nosotros de buen grado aceptamos. Y dentro de este tipo, hay unos de verdad, de esos que das a tus verdaderas amigas, que van incluidos a un abrazo. Esos si son buenos, y auténticos.
Uno de los últimos tipos es ese que le das a tu pareja. Esos, son los mejores, son los que le das a la persona con la que quieres levantar cada día del resto de tu vida. Esos que le das a ella, esos que te da ella y no cambiarías por nada. Esos besos, que cuando los pierdes, darías todo por volver a recibir uno…
Los últimos, son los que les darás a tus hijos, los que cierran de cierto modo un círculo. Esos besos, harán que ellos se sientan protegidos durante todo el día. Como si uno de esos besos tuviese algún tipo de poder protector.
Al fin y al cabo, a lo largo de nuestra vida, daremos y recibiremos muchos. Pero, ¿significan algo realmente? ¿Volverías a por uno que ya has recibido? Tan sólo tú puedes responder. Pero quizás uno de esos besos, te transportó a algún lugar, te hizo ver que existía la felicidad, te demostró, que había eso, que algunos, todavía llaman amor…
Pero, ciertamente, hay diferentes tipos, el que te da tu madre cuando eres pequeño y ya estás en la cama. Que no sólo simboliza unas buenas noches, sino que te da seguridad, que te protege que eso implica que estarás seguro durante toda la noche.
Los que te da la familia, cuando hace mucho tiempo que no ves, que pueden ser una muestra de afecto e incluso de respeto. Además, ya son una costumbre, y nos vemos obligados a hacerlo.
Esos otros que das a tus amigas cuando las ves, que también, son un acto inútil, que la sociedad ha marcado y establecido como una pauta adecuada para saludar. Y nosotros de buen grado aceptamos. Y dentro de este tipo, hay unos de verdad, de esos que das a tus verdaderas amigas, que van incluidos a un abrazo. Esos si son buenos, y auténticos.
Uno de los últimos tipos es ese que le das a tu pareja. Esos, son los mejores, son los que le das a la persona con la que quieres levantar cada día del resto de tu vida. Esos que le das a ella, esos que te da ella y no cambiarías por nada. Esos besos, que cuando los pierdes, darías todo por volver a recibir uno…
Los últimos, son los que les darás a tus hijos, los que cierran de cierto modo un círculo. Esos besos, harán que ellos se sientan protegidos durante todo el día. Como si uno de esos besos tuviese algún tipo de poder protector.
Al fin y al cabo, a lo largo de nuestra vida, daremos y recibiremos muchos. Pero, ¿significan algo realmente? ¿Volverías a por uno que ya has recibido? Tan sólo tú puedes responder. Pero quizás uno de esos besos, te transportó a algún lugar, te hizo ver que existía la felicidad, te demostró, que había eso, que algunos, todavía llaman amor…
25.7.13
Aún no...
No eres nadie. No has hecho
nada. Ni tan siquiera te has esforzado en ser el mejor cada día. Desde que te
has levantado has continuado siendo el mismo tipo mediocre de siempre. Eso sí,
cuando la ves a ella quieres ser alguien. Mejor dicho, quieres ser ese alguien
especial de ella. Pero si tan sólo lo haces por ella, deja ahora mismo de
hacerlo. Nunca lo hagas por nadie, salvo por ti. Trata de ser tú mejor yo.
Ella suspira por alguien
especial. Pero no debes ser lo que ella quiere, debes ser lo que tú deseas ser.
Quizás, si eres todo lo mejor que puedas, algún día, cuando despiertes esos
preciosos ojos estarán a tu lado.
Quizás, esa sonrisa, sea un
regalo para ti cada día que paséis juntos. Puede que todos y cada uno de esos
días, tú y solamente tú, seas el motivo de su sonrisa, o la causa por la que
esos ojos brillan durante todo el día.
Sé lo mejor que puedas, y
lucha por ella si es lo que quieres, pero nunca hagas que esas lágrimas sean
por tu culpa. Si haces algo, que sea hacerla feliz, reír, disfrutar, vivir,
besar, amar, pero jamás llorar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)