Pero, ciertamente, hay diferentes tipos, el que te da tu madre cuando eres pequeño y ya estás en la cama. Que no sólo simboliza unas buenas noches, sino que te da seguridad, que te protege que eso implica que estarás seguro durante toda la noche.
Los que te da la familia, cuando hace mucho tiempo que no ves, que pueden ser una muestra de afecto e incluso de respeto. Además, ya son una costumbre, y nos vemos obligados a hacerlo.
Esos otros que das a tus amigas cuando las ves, que también, son un acto inútil, que la sociedad ha marcado y establecido como una pauta adecuada para saludar. Y nosotros de buen grado aceptamos. Y dentro de este tipo, hay unos de verdad, de esos que das a tus verdaderas amigas, que van incluidos a un abrazo. Esos si son buenos, y auténticos.
Uno de los últimos tipos es ese que le das a tu pareja. Esos, son los mejores, son los que le das a la persona con la que quieres levantar cada día del resto de tu vida. Esos que le das a ella, esos que te da ella y no cambiarías por nada. Esos besos, que cuando los pierdes, darías todo por volver a recibir uno…
Los últimos, son los que les darás a tus hijos, los que cierran de cierto modo un círculo. Esos besos, harán que ellos se sientan protegidos durante todo el día. Como si uno de esos besos tuviese algún tipo de poder protector.
Al fin y al cabo, a lo largo de nuestra vida, daremos y recibiremos muchos. Pero, ¿significan algo realmente? ¿Volverías a por uno que ya has recibido? Tan sólo tú puedes responder. Pero quizás uno de esos besos, te transportó a algún lugar, te hizo ver que existía la felicidad, te demostró, que había eso, que algunos, todavía llaman amor…
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