Te odio. Sí, es algo bastante complicado de decir,
pero así con mis letras, te lo suelto. Hay diccionarios que definen el odio
como el deseo de que le vaya mal a la otra persona. Y no quiero que te vaya
mal, simplemente, quiero que te vaya como me fue a mí a tu lado. Y no es que
sea mal, simplemente quiero que tengas esa jodida sensación de no estar segura
jamás de lo que tienes ni lo que haces. Y por eso te odio, porque contigo, no
era yo. Mira que es complicado definir lo que soy, pero a tu lado no era nada
en absoluto, aunque apenas era nada antes, y nada seguiré siendo, pero lejos de
ti, parezco algo más.
No te lo puedo negar, era incapaz de separarme de tu
sombra, porque me producía calor dentro del maldito corazón este que no se
cansa de recordar. Y me costó desligar mis vagos recuerdos de tu alargada
sombra, porque me invadiste de tal manera que era imposible que nos
despegásemos.
Ahora por fin tus recuerdos se dispersan y el dolor
se mitiga notablemente con las distancias que nos separan. Y qué maldito alivio
no sentirte tan cerca. Porque sé que soy tan estúpido que me temo que podría
volver a recaer en esas intrincadas redes en las que me mantuve atrapado.
Dilapidar tus recuerdos a base de crear otros nuevos
no es complicado. Tampoco eras tan buena como para que fuese imposible
olvidarte. Te convertiste en un maldito dolor crónico en lugar de ser una
alegría constante. Supongo que por eso te odio, porque ni tú supiste darme lo
que yo necesitaba, al igual que yo a ti, ni encontré todo eso que prometías
desde lejos. Y ahora que te noto tan lejos, me siento a salvo.
Hundido. Reflotado. Y odiando. No te confundas
cuando me leas, porque sabes que no te odio, no es ese sentimiento, simplemente
ya no te quiero a mi lado, ahora sí que no te lo mereces. Simplemente me siento
herido en ese dichoso orgullo, que nunca ha querido aflorar, porque a pesar de
ser un motor de cambio es tan sólo una coraza de superioridad, que no vale de
nada. Y si me siento herido, es porque no has dado la talla. Era muy fácil, tú marcabas
los máximos, y ni siquiera llegaste a esos mínimos de los que tanto alardeabas
y prometías.
Se terminó. Hoy te borro y te cierro, por completo y
para siempre. Te seguiré escribiendo, seguro, porque aún me quedan letras que
sacar para poder vaciarme por completo.
Te has acabado, ya sí, hoy. Hasta que no nos quede
más remedio que encontrarnos, te perderé por completo, espero que no hagas lo
mismo.
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