Casa. Supongo que eso es lo que siempre busqué en
ti, encontrarme en casa. Y aunque siempre me resultó algo bastante fácil, creo
que en su lugar acabé encontrándome en un frío infierno del que no podía salir,
y me temo que tampoco quería. Así se resume todo eso que no tuvimos ni tú ni
yo, y así, es como debe ser, porque si no eras casa, y yo tampoco lo era para
ti, es mejor así. Espero que sigas estando tan vacía como cuando te conocí, tal
y como querías. Así, sin tener a nadie que te haga sentir en casa.
Es una triste realidad, porque hubiese hecho casi
cualquier cosa porque esos ojos tuyos, tan negros, me hubiesen abierto sus
puertas cada día. O porque esos labios tan rotos por el frío y el tiempo de
soledad y silencio, se hubieran puesto de acuerdo para dejarme entrar a vivir.
Un par de centímetros cuadrados en el cielo de tu boca eran suficientes para
mí, y bastaban para que tú y yo nos encontrásemos en ese maldito abismo que nos
dejaba al filo de lo imposible, pero que juntos, se convertía en una extensa
llanura en la que hacer vida, y casa.
Ya no quiero recordarte, he borrado hasta el último
ápice de cariño hacia ti. Y aún sigo viéndote en cada reflejo que me persigue,
sintiéndote en ese olor a moras que a veces alguna desconocida hace que me
invada. Y me evada, allí, a tu lado.
Puede que yo no fuese lo que tú querías, o que tan
sólo resultase la excusa perfecta para no quedarte sin argumentos. Pero ya no
te echo de menos.
He encontrado mi casa. Está bajo unos párpados
cansados que esconden unas alegres pupilas de color verde, como diría Sabina,
marihuana. Y lo mejor de todo, es que me reciben con honores de soldado caído
en batalla, que me añoran cuando no estoy. Pero, aún hay cosas mejores, como
que desde ellas, puedo descolgarme a una sonrisa perpetua que guarda tras de sí
un cálido cielo, justo a ras del paladar, donde se encuentran su alma y mis
malditos miedos.
Y no quiero otra casa, porque esa es la mejor. Me
calma en las noches de tormenta, me cobija en los momentos de duelo, y me
guarda. Me esconde siempre que lo necesito, y me espera, porque para ella, yo,
también soy casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario