LA PRIMERA VEZ
Nos encontramos de casualidad, como quien se agencia
unas monedas caídas en el suelo. Ella iba, yo vagaba. Y el maldito destino, nos
chocó de bruces. El uno frente al otro.
“No te conviene en absoluto” – me susurró la voz de
la experiencia, que siempre me acompañaba cuando el destino no quería dejar de
enmarañar mi maltrecha vida. Esa voz es de Lucas, un tipo con suerte, que tiene
a Sofía.
Me quedé colgado de aquellos ojos. Apenas cambiamos
un par de palabras, rotas por los nervios, llenas de incoherencia. Me
adelantaron por la derecha algunos de esos que se hacen llamar mis amigos, y en
la noche, perdí de vista sus pupilas, pero jamás dejé de recordarlos.
Supongo que esa misma noche ella acabaría sola o con
cualquier tipo que hubiese querido. Yo, terminé hastiado, lleno de dudas y de
su recuerdo. Ya no pude borrarla de mi cabeza.
Y la mañana siguiente, devastadora. Encendí ese
rectángulo, del que algunos no pueden separarse porque afirman que guardan su
vida entera, eso a lo que algunos siguen llamando móvil, o Smartphone. Más bien
es un escudo, anti vergüenza y un arma bastante útil cuando se te da mejor
escribir que hablar, como es mi caso. Pero volviendo a lo que nos ocupa,
encontré un mensaje suyo nada más conectar el dispositivo. Me deshice en cuanto
pude de él, lo abandoné sobre lo que quedaba de mi cama tras la inhóspita noche
anterior y me di una ducha.
Tomé un café bien cargado, para poder asimilar que
la mujer de la que me había quedado prendido la noche anterior me había
escrito. A mí. Sí, al tipo que balbuceó un puñado de palabras inconexas y que
parecía un auténtico estúpido intentando hacerse el interesante. Pues me
escribió.
El mensaje no era gran cosa, aunque cuando no estás
acostumbrado a este tipo de asaltos y entradas brutalmente inesperadas,
cualquier cosa es demasiado.
“Hola Leo, le pedí tu número a Sofía. Soy Vera, y
tan sólo quería decirte que estoy encantada de haberte conocido, aunque me
gustaría conocerte más” – algo así rezaba la pantalla luminosa cuando fui capaz
de leer al completo lo que se me venía encima.
Vera. Tardé varias horas en decidir que poner. Me
decanté por la opción más sensata: “Hola Vera, yo también estoy encantado” –
sí, mi capacidad de síntesis y de expresar ciertas cosas es muy amplia, no hace
falta que me lo digáis.
¿Cómo podían haberle dado mi número sin antes
preguntar? ¿No me dijo Lucas que aquella chica no me convenía? ¿Por qué
demonios yo?
Volvieron sus ojos, y los dibujé en uno de esos
enormes cuadernos en los que esbozaba ideas, historias, imágenes o que
simplemente garabateaba en busca de inspiración.
Una luz parpadeó de nuevo en el teléfono. Temía que
fuese ella, pero lo esperaba y me temo que empezaba a desear que continuase
escribiéndome. Sin más dilación, tras mi amplia y muy deliberada respuesta
anterior, descerrajó un disparo a bocajarro. Quería que nos viésemos de nuevo.
En algún punto inconcreto de Barcelona. Me dijo que la sorprendiese, y como mi
capacidad para sorprender, a menudo era completamente nula, la cité en la
estación de Sants.
No hay comentarios:
Publicar un comentario