Seguidores

12.11.15

Conquistar una lengua muerta (II)

LA PRIMERA VEZ


Nos encontramos de casualidad, como quien se agencia unas monedas caídas en el suelo. Ella iba, yo vagaba. Y el maldito destino, nos chocó de bruces. El uno frente al otro.

“No te conviene en absoluto” – me susurró la voz de la experiencia, que siempre me acompañaba cuando el destino no quería dejar de enmarañar mi maltrecha vida. Esa voz es de Lucas, un tipo con suerte, que tiene a Sofía.

Me quedé colgado de aquellos ojos. Apenas cambiamos un par de palabras, rotas por los nervios, llenas de incoherencia. Me adelantaron por la derecha algunos de esos que se hacen llamar mis amigos, y en la noche, perdí de vista sus pupilas, pero jamás dejé de recordarlos.

Supongo que esa misma noche ella acabaría sola o con cualquier tipo que hubiese querido. Yo, terminé hastiado, lleno de dudas y de su recuerdo. Ya no pude borrarla de mi cabeza.

Y la mañana siguiente, devastadora. Encendí ese rectángulo, del que algunos no pueden separarse porque afirman que guardan su vida entera, eso a lo que algunos siguen llamando móvil, o Smartphone. Más bien es un escudo, anti vergüenza y un arma bastante útil cuando se te da mejor escribir que hablar, como es mi caso. Pero volviendo a lo que nos ocupa, encontré un mensaje suyo nada más conectar el dispositivo. Me deshice en cuanto pude de él, lo abandoné sobre lo que quedaba de mi cama tras la inhóspita noche anterior y me di una ducha.

Tomé un café bien cargado, para poder asimilar que la mujer de la que me había quedado prendido la noche anterior me había escrito. A mí. Sí, al tipo que balbuceó un puñado de palabras inconexas y que parecía un auténtico estúpido intentando hacerse el interesante. Pues me escribió.

El mensaje no era gran cosa, aunque cuando no estás acostumbrado a este tipo de asaltos y entradas brutalmente inesperadas, cualquier cosa es demasiado.

“Hola Leo, le pedí tu número a Sofía. Soy Vera, y tan sólo quería decirte que estoy encantada de haberte conocido, aunque me gustaría conocerte más” – algo así rezaba la pantalla luminosa cuando fui capaz de leer al completo lo que se me venía encima.

Vera. Tardé varias horas en decidir que poner. Me decanté por la opción más sensata: “Hola Vera, yo también estoy encantado” – sí, mi capacidad de síntesis y de expresar ciertas cosas es muy amplia, no hace falta que me lo digáis.

¿Cómo podían haberle dado mi número sin antes preguntar? ¿No me dijo Lucas que aquella chica no me convenía? ¿Por qué demonios yo?

Volvieron sus ojos, y los dibujé en uno de esos enormes cuadernos en los que esbozaba ideas, historias, imágenes o que simplemente garabateaba en busca de inspiración.


Una luz parpadeó de nuevo en el teléfono. Temía que fuese ella, pero lo esperaba y me temo que empezaba a desear que continuase escribiéndome. Sin más dilación, tras mi amplia y muy deliberada respuesta anterior, descerrajó un disparo a bocajarro. Quería que nos viésemos de nuevo. En algún punto inconcreto de Barcelona. Me dijo que la sorprendiese, y como mi capacidad para sorprender, a menudo era completamente nula, la cité en la estación de Sants. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario