Un
profundo dolor atenaza su espalda. Respira con dificultad. Duele. Se angustia.
Trata de tomar aire por su boca. Duele más. Ese ser extraño le aprieta aún más
en su espalda, todo se convierte en algo difícil. No puede respirar más.
Punzadas directas al corazón, y ese dolor que no se va. Boquea como un pez
fuera del agua, llega algo de oxígeno. Se detiene, se sienta en mitad de la
calle y envuelve su rostro con las palmas de sus manos. Llora. Parece que se
va…
Como
puedes definir algo que no entra en tu vocabulario. Puede que sea una señal, de
ya demasiadas, que indica que el camino no es el correcto. Varias personas
cruzan su mente, se para en una de ellas.
Es una imagen de una mujer que parece
demasiado lejana. Se descubre lentamente la cara y por fin la ve. Tiene esa
aura propia de los ángeles, o más bien, eso que él considera propio de ellos.
No puede detenerse mucho más en ella, un fogonazo lo deslumbra y le hace volver
al mundo de los mortales.
Ese
mundo en el que aquel dolor que le impedía hasta caminar, y había tensado sus
cuerdas vocales hasta hacerle enmudecer, se había disipado levemente con el
frío nocturno. No supo nunca el tiempo que pasó allí sentado, un par de
minutos, quizás lo suficiente.
A
duras penas se arrastró hasta casa. Y allí estaba ella. Esa que le había
salvado de la miseria hacía tan solo un rato. Quien le devolvía la sonrisa en
las mañanas más frías del más crudo invierno.
Ahora
sí. Esos ojos negros que le recibieron eran la mejor señal divina que le podían
entregar. Estaba a salvo. Ella se abalanzó buscando un abrazo desesperado. Un
par de segundos hasta rozar sus mejillas. Sus manos se perdieron en la espalda
de ella, en la negra nube que coronaba sus pensamientos. Las de ella, por el
contrario, se aferraron a sus hombros, clavó sus dedos entre sus huesos,
dándole a entender que jamás le dejaría escapar.
Hay
mucho más de ti de lo que quieres enseñar. Eres capaz. Apenas un puñado de
palabras susurradas en el momento oportuno, para decir que no rasgarán eso que
hay entre los dos.
Sonaba
de fondo un ritmo melódico, calmado, pausado. Uno de esos ritmos, que envuelve
la tensión de algo diferente. Algo así como un lago en mitad de un desierto. Un
pequeño oasis de lágrimas entre sus brazos.
Aún huele mi ropa a ti.
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