¿Hasta
cuándo es necesario continuar persiguiendo nuestros sueños?
Supongo, que existe
algún tipo de límite, no temporal, sino mental e interno. Creo que cuando ese
momento llega, independientemente del tramo del camino en el que te encuentres,
debes abandonarlo. Quizás, superar esa barrera implique romperse y por tanto,
reinventarse a uno mismo. No tiene demasiado sentido proseguir en la tarea
cuando sabes que todo eso que haces, cada paso que te conduce a la meta, te
aleja un poco más del verdadero destino. Hay que saber abandonar a tiempo, y
nunca hay que tomarlo como una estúpida retirada, ni como ausencia de valor,
coraje y ganas. Se ha de entender como el fin de una etapa que ya carece
absolutamente de sentido.
Quizás,
haya quienes crean que los sueños hay que perseguirlos hasta el último aliento.
Y lo entiendo, no es fácil abandonar cuando sientes todo tan sumamente cerca
que estás, casi literalmente, rozándolo con la yema de los dedos. Lo sé, lo que
defendí hace escasas líneas solo muestra a alguien que ya lo da todo por
perdido, que se ha resignado a aceptar todo tal y como está. Pues sí.
Cuesta
horrores abandonar un sueño, pero es más doloroso saber que nunca lo
alcanzarás, y que es mejor dejarlo antes de morir en el intento. Les diré que
los sueños son como el amor, que como diría Sabina, “cuando no muere, mata”. Y creo que no está demasiado distante de
esa gran mentira con la que todos soñamos. Soñar, como amar, es para esos
pobres ilusos que tan solo encuentran la realidad en su propio mundo, y que, al
fin y al cabo, viven por y para ellos.
Nosotros,
pobres mortales que nos dedicamos a saciar todas esas estúpidas necesidades que
creamos,
no tenemos tiempo, ni recursos para soñar o amar. Y es verdaderamente
triste, porque más de una vez he oído, a algún incauto, que el amor es
maravilloso, y que lograr alcanzar tu sueño es una sensación que provoca un
estado de felicidad supremo. ¡JA! Me rio de todos ellos. Los
sueños, tan sólo nos permiten seguir caminando. El amor, seguir creyendo en
este marchito sistema y además nos evade, o eso creo, de ciertas realidades que
tememos afrontar.
La
soledad. La mediocridad. La racionalidad. La continua inseguridad. Todo eso que
no nos deja avanzar, pero que demasiadas veces no queremos ver. Y saben que les
digo, que a pesar de este escepticismo del que en muchas ocasiones hago gala,
hoy quiero vivir. Quiero luchar como un estúpido por lograr algo que puede que
jamás consiga, o que tan sólo alcance como medio para lograr algo mayor. Quiero
querer. Sí, me gustaría comerme un puñado de esas mariposas que algunos afirman
sentir cuando están enamorados. O padecer alguno de esos síntomas, irreales,
cuando sientes esa cosa que muchos siguen empeñados en llamar amor.
Hoy,
quiero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario