Mientras
un sol radiante nos perseguía, la espesura de aquel minúsculo bosque nos
cobijaba de aquel infierno. La humedad, nos calaba hasta más allá de los
huesos, nos traspasó hasta el alma y decidimos parar. Era el lugar idóneo,
quizás, de no haber encontrado ese resquicio de paz en mitad del bullicio de la
ciudad, no nos hubiésemos confesado jamás. Relatamos, a duras penas, nuestros
pecados inconfesables, buscando en el otro un ápice de comprensión.
Ella
lo encontró en mí, y yo, en ella. Era una conjunción perfecta de desfachateces
muy diversas las que nos contamos, pero la comprensión que apareció, era mucho
más poderosa que todos aquellos pecados. Y sí, no está de más confesarse con
alguien a quien buscas y en quien confías. Puede que muchas veces, el pecado
sea demasiado para el confesor, debemos elegir bien.
Allí,
aquella mañana de julio, en la que salimos a no encontrarnos con nadie,
acabamos encontrándonos el uno con el otro. Habíamos encontrado, bajo un
majestuoso árbol un escueto acomodo, perfecto para una nada fastuosa comida.
Cuando el miedo a hablar te paraliza, y encuentras sus ojos, clavados en tus
pupilas, que se dilatan a pasos agigantados, sabes que ha llegado el momento.
Cuando
salimos de allí, ya mediada la tarde, el sol apenas se mostraba difuso entre
las nubes, allá a lo lejos. No encontramos otro motivo, que el paso del tiempo
para caminar, sin rumbo ni destino. Y lo disfrutamos, como si fuésemos unos
niños redescubriendo una ciudad ya cansada por los años, que se mostraba ante
nosotros como si fuese una recién nacida.
Acabamos,
comiéndonos las comisuras de los labios en cada beso, sentados en unas
escaleras cualquiera, de una ciudad cualquiera, una noche, estrellada, que nos
gritaba entusiasmada. La vi, por primera vez radiante. Y no pude evitar
colgarme de sus labios, de las nubes de su pelo, y de esa fragancia, tan
inmadura como sensata.
Ahora,
de vez en cuando confieso mis pecados, que no van más allá de querer sin
medida, besar sin permiso, y encontrarme cada noche con la mujer más hermosa
del mundo.
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