Salió del trabajo. Ya era casi de noche. Caminó durante diez minutos hasta aquel céntrico piso que compartía con su novio. Subió las escaleras y abrió aquella puerta de madera que daba entrada a su casa. Estaban todas las luces apagadas, una velas, marcaban el camino hasta la puerta de su habitación, decidió seguirlas. Cuando llegó a la puerta, había un sobre pegado en ella, lo cogió y lo abrió. Dentro del sobre, había una nota que decía lo siguiente:
“Tú. Solo tú, eres mi día y mi noche, mi futuro y mi destino. Tú, eres la luz de mi camino. Te amo.”
Tras leer la nota, tiró el sobre y guardo la nota en su bolsillo, decidió que la acompañaría para siempre. Puso la mano en el pomo de la puerta y la abrió lentamente. Allí estaba él, esperando. Había preparado la cena, y la había servido en la habitación. Le recogió su abrigo, lo guardó y retiro un poco la silla para que ella se sentase. En ese instante, ella iba a besarlo, él puso su dedo índice frente a sus labios y le dijo que no, aún no.
Cenaron. Mientras el recogía, ella se disponía a ir a la cama, tras quitar uno de los cojines, vio una pequeña caja. La cajita, contenía un papel que ponía: “Si quieres, quiero”. Ella totalmente emocionada, se dispuso a salir de la habitación y justo tras la puerta, se encontraba él. Estaba de rodillas, con una cajita con un anillo en la mano. Se quedó perpleja. Le preguntó que si quería casarse con él. Ella no respondió. Le cogió la mano, le ayudo a levantarse del suelo y le besó.
Aquel beso, sello su eterno amor.
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