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14.4.13
Ella
Y es que, cada vez que ella se iba de su lado, sentía que un pedazo del mundo, de su mundo, desaparecía. Se sumía en la oscuridad. Por eso odiaba que ella se marchase.
La conocía desde que ambos eran unos niños. Se separaron al ir a la universidad, pero el destino decidió juntarles de nuevo. Una tarde, en el metro. Se cruzaron, se reconocieron por supuesto y decidieron tomar algo. Desde aquel día, hacía ya tres años, nunca habían estado separados más de unos días.
Esta vez, era un mes, un largo mes. Sin comunicarse, sin verse, sin oír la voz del otro. Ella se iba por trabajo.
Aquella mañana, él la llevó hasta el aeropuerto y espero con ella hasta que tuvo que enfilar el pasillo que le dirigía hacía aquel avión que les separaría. Antes de irse, ella le abrazó. Él también, no quería dejarla escapar. Se dieron un beso y ella desapareció entre la multitud…
Fue un duro mes, pero él estuvo ocupado, su trabajo y los amigos llenaban el vacío que ella había dejado temporalmente.
Se fue a dormir, quedaban 16 horas para que ella llegase de su viaje. Apenas pudo dormir cinco o seis horas, estaba nervioso. Iba a volver a ver a la mujer de su vida. Ella era la razón y la clave de todo lo que le había sucedido en los últimos años.
Era la hora, faltaban apenas 40 minutos para que aterrizase, se montó en su coche y condujo hasta el aeropuerto. Y allí estaba, esperando, nervioso, ansioso, con un ramo de rosas rojas a que ella eclipsase al resto del mundo cuando apareciese por aquella puerta.
De pronto, apareció. Estaba radiante, con el pelo suelto y con sus ojos azules, envueltos en lágrimas.
Deseaba ver a aquel chico que esperaba con un ramo de flores. Se acercó corriendo, soltó la maleta y perdió el bolso y la chaqueta por el camino, eso no importaba ahora… Se fundieron en un interminable abrazo, y él, la besó. Ella mordió su labio y se perdió en su pelo y en aquel olor que tanto añoraba.
Montaron en el coche y pronto llegaron a su casa. Él se apresuró a bajar del automóvil, le abrió la puerta y ayudo a que ella saliese. Cerró la puerta y cogió en brazos a aquella chica. Abrió la puerta como pudo, estaba nervioso y ansioso. La subió en brazos hasta la primera planta, allí, se dirigió hacia su habitación. La soltó cuidadosamente sobre la cama, y la fue quitando su ropa poco a poco.
Susurró a su oído mientras desabrochaba su camisa, le dijo que ella era su mundo, que no la cambiaría por nada. Besó su cuello, y fue deslizando sus dedos por aquella suave piel, pasando por todo su torso. Ella, se incorporó levemente, le acercó y le besó. Él, se tumbó junto a ella, puso su dedo índice en sus labios y no le permitió besarle, esta vez, sería él.
Antes del beso, le dijo que no quería volverse a separar de ella nunca más, que sin ella a su lado sentía que le faltaba un pedazo de su mundo, un pedazo de sí mismo incluso.
Retiro el dedo índice de sus labios, puso su mano derecha en la nuca de ella, perdida entre su pelo, su mano izquierda, rozaba aquella piel desnuda, se perdió en aquel cuerpo, disfrutando de su libertad, entonces… acercó su cara, sus labios, sus ojos…su alma.
La besó, como si eso fuese lo último que iba a hacer en su vida, ella hizo lo mismo. Se sintieron uno.
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