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28.4.13

No te vayas.


Rozó su cara con sus dedos, estaba helada y sonrojada. No podía dejar de mirarla ni podía parar de pensar en que aquella podía ser la última vez que la viese. Sus ojos, azules, enormes, llenos de historias, risas y llantos. Perfectos. Su sonrisa, su tristeza, todo en ella era magnífico. Volvió a acariciar su cara, secó una de sus lágrimas y robó un beso, solamente uno, el primero, el último, el único, el mejor.

Ella le mordió el labio, apretó fuerte, no quería dejarle ir. Aquel beso se alargó en el tiempo, todo parecía haberse detenido, pero no. Llegó el final, el adiós. Él cogió su maletín y su americana, la puso sobre su hombro y se alejó por la calle, caminando. 

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