Aquella noche primaveral llovía, las flores comenzaban a florecer y él deambulaba por la ciudad. Era un tipo alto, con el pelo castaño y ligeramente largo, siempre iba despeinado, le daba un aire despreocupado. Sus ojos eran verdes y grandes, llenos de expresión. Era bastante delgado y siempre desprendía una fragancia embriagadora, todas las que pasaban cerca de su persona, disfrutaban con aquel olor y se quedaban mirando a aquel chico, que parecía estar siempre en su mundo. Vestía siempre con pantalones negros, zapatos sin cordones y camisa, con los dos primeros botones desabrochados dejando que se viese parte de su torso.
De pronto, mientras caminaba por la calle, se paró frente a un escaparate de una tienda de ropa, no solía hacerlo pero el maniquí le hizo bastante gracia, la posición que le habían hecho adoptar le resultó bastante cómica. Mientras estaba allí parada observando todo aquello, vio un reflejo en el cristal. Era una chica. No se volvió a mirar, pues pensaba que tan solo era fruto de su imaginación. La chica que vio era, un poco más pequeña que él, tenía los ojos azules, parecían haber sido pintados con un rotulador. Su pelo era castaño y largo. Llevaba un vestido y una chaqueta de punto que apenas le resguardaba de la fina lluvia que caía sobre la ciudad.
Ella, se quedó parada frente aquel escaparate viendo un precioso vestido, el olor de aquel chico la dejó inmóvil durante unos segundos, le transportó a otro lugar.
Él, decidió volverse, pero ella ya se había ido. Veía como se alejaba, pero decidió ir tras ella. No sabía que iba a decir, pero… no podía dejar pasar aquella oportunidad.
Fue tras ella, como se había propuesto. La alcanzó rápidamente, y tocó su espalda por detrás, ella, se volvió sorprendida. Él tartamudeó, no sabía que decir, ella, le tendió la mano. Tomó su mano y caminaron, comenzaron a hablar, y al llegar a un portal, ella se despidió. Él le dio un abrazo, ella se perdió de nuevo en aquel olor, le separó un poco de su cuerpo y le besó. Colocó su mano derecha en aquel pelo alborotado, él, la acercó, puso una de sus manos en la cadera de ella, la otra estaba cerca de su cuello. Terminó aquel beso y ella no quería desprenderse jamás de aquel olor que hacía que se sintiese tan bien, él no podía dejar de mirar aquellos ojos. Quería perderse para siempre en ellos…
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