Era
una fría tarde de marzo, ella volvía a casa caminando. En aquellos
instantes veía todo gris, no era capaz de sonreír y ser feliz. Todo
era siempre muy bonito, y al final la dejaban tirada como un cigarro
a medias, esos que tiran los que están a punto de tomar un nuevo
tren..
No
tenía ganas de seguir así, quería cambiar, y ni siquiera sabía
cómo empezar... Quería encontrar el amor, esa utopía que algunos
persiguen hasta el final.
El
final, quizás estaba cerca, el final de todo lo que había vivido
hasta ahora. Algo nuevo iba a comenzar... aquella tarde de vuelta a
casa se encontró con aquel que todo iba a lograr cambiar.
Chocó
con un chico por la calle, el sin alzar la mirada pidió disculpas y
continuó andando, ella se quedó mirándolo y grito, el se volvió,
pero seguía con la mirada fija en el suelo, el miedo le poseía.
Ella
con un suave gesto levanto su cabeza, quería mirarlo a los ojos. Se
le quedo mirando fijamente, tenía una mirada intensa, su aspecto
desaliñado y esa timidez que desprendía le daban un toque especial.
Rápidamente hurgó en su bolso, sacó un trozo de papel y anotó
algo. Se lo dio a aquel joven, y se fue rápidamente sin mediar
palabra.
El
se quedó anonadado, cuando reaccionó y miro el papel, observó que
en el había apuntado un número de teléfono, levanto la vista y
ella ya se había perdido entre la multitud. El volvía a casa,
descolocado, deambulando entre la muchedumbre, no sabía que había
sido aquello ni como podía haber pasado. Ni se lo pensó dos veces,
cogió su teléfono y marco aquel número.
Al
otro lado del teléfono, se oyó una voz dulce, supuso que era
aquella chica, le dijo quien era y ella soltó una tímida risa,
comenzaron a hablar, se presentaron ambos y quedaron para tomar un
café la tarde siguiente.
Eran
las cinco, ella abrió la puerta de la cafetería, lo vio, sentado en
una mesa, nervioso, temeroso, esperando verla. Pasaron más de una
hora charlando, y ambos pensaban que esto cambiaría sus vidas,
pensaban en que podría ser espectacular. Se fundieron en un beso,
ella mordió su labio sensualmente, ambos cerraron sus ojos, aquello
marcaría un punto de inflexión en sus vidas. Ese fue su último
momento, estalló toda la cafetería, todo saltó por los aires, pero
ellos se regalaron su último suspiro, el momento más feliz de su
vida, lo compartieron el uno con el otro.
Y
así, esa historia que comenzaba, perdurará por siempre.
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