Aquella joven, de cabellos largos,
sedosos y morenos cuyo flequillo le tapaba de forma muy sensual su
ojo izquierdo, dejando solo a la vista uno de sus preciosos ojos
verdes. Su nariz era pequeña y sus labios finos.
Cada mañana se encontraba con un joven
escritor de pelo largo y negro, ojos negros y rasgos toscos,
semblante serio y cara alargada. Aquel joven esbozaba una sonrisa
cuando ella aparecía, y sus ojos se iluminaban tomando un brillo muy
peculiar.
A ella también se le iluminaban sus
ojos y sonreía cual quinceañera enamorada, nunca hablaban quizás
por la timidez de ambos, pero existima ya una conexión entre ambos y
es que no hacia falta decir nada.
Pasaron los años y en sus vidas muchos
amores encontraron pero sus miradas ya no decían nada , pues no era
real. Una mañana lluviosa de septiembre se cruzaron por casualidad y
sus miradas volvieron a conectar. El se decidió a hablarle y decirle
que de ella una vez se enamoro.
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