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13.1.13

La Chica de los Ojos Azules


Su pelo era largo moreno y sedoso, sus ojos azules encendían su rostro que era iluminado a la vez por su sonrisa. Los ojos azules eran tan profundos que cualquiera podía perderse en su inmensidad durante horas. No era demasiado alta, pero su esbelta figura le otorgaba un aire distintivo que hacía de ella una mujer única, e increíblemente bella.

Se encontraba en su habitación una noche de verano, sola y apática se levantó de su cama y caminó hasta la terraza, estaba descalza, y su cuerpo estaba cubierto por unos pantalones cortos y una camiseta de tirantes. Abrió la ventana con mucho cuidado para tratar de hacer el menor ruido posible, se asomó y una suave brisa que inundaba la ciudad aquella noche comenzó a mecer su pelo, e incluso en algún momento lo empujaba contra su cara y ella lo retiraba de una forma tan sensible que lograría emocionar a cualquiera ante tal acto.

En aquel momento en la ventana, comenzó a mirar a la luna, era redonda y grande y brillaba mucho aquella noche, esto permitió que se perdiese en sus propios pensamientos. Comenzó a imaginar como sería el hombre que ella quería; alto, con barba de una semana, el pelo alborotado y ese aire desaliñado que le otorgaba un aire entre chulesco y misterioso que tanto le cautivaba a ella.

Tras dibujar vagamente a su chico ideal, decidió volver a la cama, se arropó a pesar de ser verano y en apenas unos instantes se sumió en un profundo sueño...

En aquel sueño, se encontró sola, en una casa que no le resultaba familiar, y decidió salir a la calle. Entonces comenzó a deambular por aquella ciudad desconocida para ella, en una esquina vio al hombre de sus sueños. Todo fue muy fácil, evidentemente, era su sueño. Pasearon cerca del mar agarrados de la mano y vieron la puesta de sol, pero en el momento que el se disponía a besarla... ¡despertó!

Abrió sus ojos, estaba de nuevo en su habitación, era un nuevo día y maldijo su suerte por despertarse en el mejor momento del sueño. Se vistió y se arregló apresuradamente y decidió salir a la calle en busca de aquel joven con el que había soñado, pasó horas recorriendo la ciudad... cuando se dio por vencida, decidió sentarse en un banco. Estaba abatida, nunca lo encontraría y en ese preciso instante mientras ella tenía su cara entre las manos alguien se sentó a su lado en el banco. Ni lo miró, pero cuando se disponía a
volver a su hogar le vio la cara. 

Era él.

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