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30.8.25

Tristeza

Transito la tristeza como quien camina por unas brasas aún demasiado candentes, que humean al contacto con la piel. Y, espero la crónica de ese dolor anunciado, en un intento desesperado por sentir algo.

Llega, de pronto, a las tres de la madrugada, cuando el mundo calla y la calma aborda mi cama. Entre mis dedos se pierde un recuerdo, que emana de esa tristeza, callada y ausente. Supongo que se ha convertido en esa acotación al lado del texto que nadie lee. 

El personaje, abatido y cansado, exhausto por la ausencia; algo así podría decir la breve acotación bajo mis pies. Y de la nada, ella, y de pronto, nada. Supongo que eso es todo lo que me queda.

Una ausencia larga, un dolor perpetuo, largamente anunciado, y, la esperanza de que cuando llega el alba, todo se va. Se recoloca en un costado y se reconoce ausente durante el día. 

Omitamos la nota al pie.

Transitamos la tristeza siendo cenizas de todo lo que no se fue.

26.4.25

Acrósticos para nadie (V)

Podría enamorarme de leerte. Y yo, dejé que entrase, qué desordenase los recuerdos y que hurgase entre las cicatrices, solo porque era ella. Lo que no sabía es que yo me enamoriría por perderla. Porque los putos neologismos me jodieron la vida. 

Mis labios besables y sus manos amables. El cielo de su boca parecía el cielo de verdad, el único lugar al que volver una y otra vez, hasta morir, entre sus labios, sus brazos o en sus ojos verdes. Porque ahí, entre esa inmensidad, me quedaría toda la vida, si no hubiese perdido su mirada, ahora no estaría vomitando estas palabras de forma compulsiva en un espacio en blanco en el que nadie lee. En el que ella no me lee. En el que ella, los únicos ojos a los que quiero mirar, no me encuentran. 

Y ahora, toda la maldita ciudad huele a ella, cada paso tiene un recuerdo, una imagen, un olor, una jodida sensación que me invade, qué me destroza en silencio y que descoloca mi corazón, ese que ya no intento ni reconstruir, porque roto funciona mejor. Porque total, para qué vas a poner empeño en unir unos pedazos que sabes rotos de antemano. 

Lo rompería una y mil veces más si eso significase que en todas ellas, ella, estaba al otro lado. Si alguien me asegurase que ese maldito dolor estaría justificado por su presencia, me rompería. Acumularía regalos envueltos en rincones que olvido, llamadas sin respuesta, mensajes llenos de lágrimas, y palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, porque es todo lo que me queda de todo lo que no fue. Porque lo único que existe, cuando ya nada existe, es todo lo que dejamos escrito. Son los 160 días escritos en cuadernos, los 160 jodidos días que llevo escribiéndole a alguien que no está pero que soy incapaz de olvidar. Tengo más de trescientas páginas llenas de una persona que no está, de una persona que estoy dejando de ser, porque a cada trazo entre esas páginas, me voy deshaciendo de mi mismo, porque ese yo ya no existe si no hay un nosotros. Y ese nosotros, se rompió en mil pedazos un miércoles por la mañana, en lugar aséptico y extraño, en un lugar en el que no quiero volver a pisar. Después de todo, después del todo, la nada. La ausencia, el vacío, la incapacidad irreversible de olvidar a alguien inolvidable. Aunque lamente los besos ahora, volvería a besarte hasta la extenuación, hasta convertir el recuerdo de tus labios en parte de los míos.

La tengo clavada en las pupilas, en las manos, en los labios, en la boca, en la piel, en la vida, en los recuerdos, en el corazón. Yo quizá no era todo lo que debía ser, pero ese amor era todo lo que estaba bien en mi vida, era todo el amor que creo merecer pero que nadie fue capaz de gestionar. Porque era tan grande, tan jodidamente perfecto que parecía irreal. Y joder, duele tanto tener que huir de la realidad cuando nos sobrepasa, que llegados a ese punto somos capaces de cualquier cosa, con tal de volver a ese lugar seguro en el que no nos pasa nada, ni siquiera la vida.

Estoy aquí, enamuriendo por alguien que no está. Podría escribirle cualquier cosa esta noche de abril, por si vuelve, por si aparece, por si algún día el puto miedo no aterra a alguien a quien querría por encima de todas las cosas. Pero no parece ser así.

Si tengo que volver, volveré. Podría enamorarme de leerte.

Podría enamorirme de tenerte.

Al alba, de nuevo, la vida, la triste realidad de despertarse sin ti al lado.

Te quiero. Te lo dejo aquí escrito, por si algún día te vuelves valiente y asumes que esto fue tan real que te dolía.


M.

18.1.25

Acrósticos para nadie (IV)

Soy incapaz de olvidarte. No puedo dejar de pensar en ti, en todo lo que ha sido y lo que podría llegar a ser. Siento que si no lo grito me va a explotar dentro y va a ser una bomba de tristeza que seré incapaz de amortiguar, porque la explosión irá directa al corazón, hasta colapsar cada ápice de mi cuerpo y de mi cabeza. Y no puedo decírtelo al oído, así que tendré que gritarlo aquí, donde ni tú ni nadie podrá leerlo, pero al menos, me librará otro día de la explosión.

Mis dedos tiemblan cada noche al recordar tus lunares, y aún, si entrecierro los ojos, puedo recordar su tacto. La suavidad de tu piel bajo mis manos y tu respiración, pausada y tranquila antes del desastre. 

Lo fatal no sería memorizar un poema sobre el árbol que emana de tu cuerpo, lo fatal es tenerlo clavado en la retina y no poder tocarlo de nuevo. Lo fatal, no es lo mismo para Rubén Darío y para mí, porque yo siempre quise romperme en pedazos. Y al menos un par de pedazos se quedaron sobre aquella cama, engarzados a tu melena, por si algún día me los quieres regresar. Y me completas un corazón maltrecho e inestable, que solo recuerda cómo era latir con tus labios pegados a los míos.

Admiro a quienes no escriben, no lamentan, no besan en sueños y no acarician la soledad en las madrugadas que un mal sueño les hace sentir que aún estás ahí. Que podría volverme en mi cama y encontrarte a mi lado. Como me prometiste. Como nunca se cumplió.

Quizá sea yo, qué no sé ser sin ser así, qué carezco de esos grises de los que todo el mundo habla. Qué me dejo el corazón en unas manos que ya no están. 

Y pasas una y otra vez por mi corazón, casi inerte, hasta el alba, qué por fin, con la luz, ahuyenta los fantasmas. Y confirma la ausencia.

Y duele igual.

Porque tú no estás.

15.12.24

Acrósticos para nadie (III)

 Transito la tristeza como quien camina por los restos de un fuego, aún candentes, sabiendo que está a punto de quemarse pero aún así, no se aleja. 

Soy efímero, volátil y ausente, desgastado, vacío, incoherente, repentino, inerte. 

Como una fría escultura que ni el sol del verano es capaz de calentar. 

Soy la nada. 

Lo más importante y quizá quién menos importe.


Aún siento como arde dentro de mi pecho. 

Lentamente, como si temiese extinguirse por completo. 

Busca los recovecos de mi alma para esconderse. 

Acaricia mis sombras en esas noches más oscuras. 


Y al fin, al alba, un rayo de sol despunta de nuevo, sobre una cama completamente deshecha, en la que su ausencia se vuelve una oscuridad que irrefrenablemente envuelve todo. 

Pero aún queda algo.

Soy el recuerdo, la ausencia, lo que no cumplimos y todo lo que me dijiste. 

Soy un cúmulo de historias que aún podemos cumplir. 

En otra vida, quién sabe si en otros cuerpos, en otros labios. 

En una historia en la que, tú y yo, aún creemos.




M.

30.11.24

Acrósticos para nadie (II)

 Hay cosas que solo te contaba a ti. 

Lo que no sabes es que hay personas a las que solo les hablo de ti. 

Aún pienso en todo lo que no ha sido, como si eso pudiese recuperar el tiempo que no hemos tenido. 

Lógicamente, dejo que todo me pase otra vez por el corazón, esperando encontrar algo distinto, una señal de alarma que me alertase. 

Busco desesperadamente cómo desenredar mis desvelos, para volver a dormir al menos sin despertarme para buscar, a oscuras, tu ausencia. 

Adormecer de nuevo mis labios entre tus constelaciones es lo único que me calma, que me ausenta, y me devuelve a ese estado ilusorio de paz.

Y, si hago caso a eso que dicen, de que los besos son poemas escritos en otros labios... tendría que quedarme sin palabras para poder saciar mis ganas de crear versos a tu lado.



M.